“Un pequeño Mozart por belleza y exquisitez” dice Emilio Sagi a propósito de Penella y su obra Don Gil de Alcalá. Quienes hemos tenido la suerte o el acierto de acudir al estreno en la Zarzuela estamos de acuerdo, y aún creo que podemos afirmar que se trata de una de las mejores producciones que hemos disfrutado hasta el momento. Siempre destacamos el enorme trabajo de “los otros artistas” los que no se ven y que, sin embargo, resultan indispensables para que el esfuerzo conjunto sea sobresaliente y para que podamos disfrutar de un entorno, un vestuario y una ambientación perfectamente acertada para hacer verosímil una historia tan disparatada y divertida como esta; hoy lo volveremos a hacer. 

Sabina Puértolas y cantantes del Coro del Teatro de la Zarzuela
© Javier del Real | Teatro de la Zarzuela

Diríamos que el experimento salió redondo. A una puesta en escena de composiciones equilibradas hemos de unir una recreación acogedora y verosímil del patio de un colegio de monjas y del palacio de un Gobernador ambientes sutilmente iluminados por Eduardo Bravo sobre los que desarrollan la acción unos personajes perfectamente ataviados por Pepa Ojanguren, a quien recordamos desde estas páginas. En cuanto a la composición, se ha apuntado en alguna ocasión que se trata de una partitura que, siendo buena, no es particularmente sobresaliente. Tal vez, pero tiene el mérito de ser homogénea en calidad, versátil en las formas musicales y, sobre todo, agradable todo el tiempo, exenta de recitativos que en ocasiones ralentizan la trama. La música y, por supuesto, la brillante dirección de Lucas Macías al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, mantuvo un carácter impulsivo que nos llevó hacia delante con lucidez y ligereza en una obra cuyo libreto no propone tampoco grandes sobresaltos, y que sin embargo, nos dejó con ganas de más, aun después de casi dos horas de representación.

Don Gil de Alcalá en el Teatro de la Zarzuela
© Javier del Real | Teatro de la Zarzuela

Claro que esto se lo debemos también al elenco vocal –con el permiso del cuerpo de baile– que estuvo más que a la altura no solo en lo musical sino en la credibilidad de unos personajes muy al uso de estas temáticas, pero muy bien interiorizados y, sobre todo, personalizados. Todos dieron a sus personajes un carácter propio a través de una dinámica corporal visible pero no forzada. Particularmente vivaces estuvieron los secundarios Carlos Cosías y Carol García, en el dúo de Maya y Chamaco o en el número “Yo no sé nada”. Destacamos también al Sargento Carrasquilla, inolvidablemente interpretado por Simón Orfila, que nos regaló una vibrante interpretación del famoso brindis “Jerez, este es er vinillo de la tierra mía”, y que a alguno nos dejó con el deseo de compartir un poco de este singular caldo andaluz, de bien que lo alabó. Reconocemos ampliamente la presencia de María José Suárez y Pablo López, así como a otros artistas menos recurrentes en la obra como a David Sánchez, Ricardo Muñiz, y Miguel Sola.

Simón Orfila (Carrasquilla) y Celso Albelo (Don Gil)
© Javier del Real | Teatro de la Zarzuela

Los mayores reconocimientos recayeron sobre los solistas principales, y particularmente sobre el extraordinario Celso Albelo, que sin duda tuvo su noche en esta ocasión. No es una casualidad que anuncien al tenor tinerfeño como una de las voces más solicitadas en la actualidad, potente pero comedido, hábil en la afinación y versátil en su registro dinámico, supo mediar correctamente entre la ligereza que le corresponde a su personaje bribón y la profundidad propia de un ser más o menos enamorado. Le mantuvo el pulso el “villano” Don Diego (que no es tan villano, realmente), el barítono catalán Manel Esteve, con un timbre muy personal y una afinación impecable. A Sabina Puértolas, representando a Niña Estrella, le costó de entrada llevar el peso del estreno en su primera intervención, pero enseguida nos supo sobrecoger con una canción inolvidable como “Bendita cruz”, así como en el Madrigal junto a los dos pretendientes. Ya imaginábamos los asistentes que el momento álgido sería la Habanera de “Todas las mañanitas” junto a Carol García, y así fue, un gran ejemplo de colaboración entre dos magníficas cantantes en pos de la expresión musical.

No nos extendemos más, a la vista está que se trata de una obra de arte completa, una gran colaboración de creación y puesta en escena sin duda memorable. Todavía hay ocasión de acudir a una de las funciones programadas y nosotros, desde luego, repetiremos.

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