Nueva vida, nuevo curso, nuevos proyectos… y así inicia su nueva andanza la Orquesta Sinfónica de Madrid: Roberto Devereux de Donizetti en el Teatro Real, y Halffter y Wagner en el primer concierto de los Ciclos Musicales de la Orquesta Sinfónica de Madrid. Pedro Halffter, al mando de una orquesta fresca y renovada después de un periodo estival de descanso, dirigía el estreno mundial de Imágenes, compuesta por su padre y dedicada a la misma orquesta. En la segunda parte del concierto, el director mostró sus dotes como arreglista a través del Tannhäuser sinfónico en tres actos que lució a la agrupación interpretando la mejor selección de piezas engranadas de la ópera. En definitiva, una suculenta y llamativa bienvenida al espectador que vuelve a la vida laboral rutinaria.

El director Pedro Halffter © Unai P. Azaldegui
El director Pedro Halffter
© Unai P. Azaldegui

Imágenes fue una obra concebida inicialmente para ópera pero redireccionó su camino hacia el sinfonismo por diversas adversidades. El mismo director explicaba, antes de comenzar el concierto, algunos aspectos relevantes de la obra de su padre, como la intención de unir las grandes personalidades de Goya y Beethoven, cuyos sentimientos compartían cierta conexión en el periodo final de su etapa creativa. De inspiración sirven a su creador tanto La pradera de San Isidro y la Romería de San Isidro de las pinturas negras como el Cuarteto núm. 1, op.18 o el Cuarteto núm. 14, op.131 de Beethoven. El primero aparece como referencia aunado entre el lenguaje musical de Halffter durante el Scherzo y, percibiéndose la amarga melodía en los clarinetes, desarrolla el principio del primer movimiento del Núm. 14 durante el Adagio. Una obra que estéticamente traslada a ese ambiente lúgubre del que ambos artistas huían en su época.

La parte técnicamente relevante se concentra en el segundo movimiento que comienza con un juego de tres percusionistas tocando campanas, generando ese ambiente misterioso, para dar rienda suelta a las texturas propias del estilo de Halffter, con diferentes planos sonoros que se entremezclan remedando el tejido de Lutoslawski o Penderecki. Quitando ciertos desajustes entre arpa y percusión, y una sección viento madera en ocasiones desafinada, el resto de la orquesta estuvo muy compensada e imponente, llegando a su cenit en los clusters de la cuerda.

Tras la densa y eminente primera parte del concierto, vendría Tannhäuser sinfónico de Wagner. Pedro Halffter redujo y adaptó la partitura en 2013, coincidiendo con el bicentenario del nacimiento del compositor. Vista su afición wagneriana, realizó trabajos similares con Sigfrido y El ocaso de los dioses.

La orquesta, que estuvo ciertamente desajustada durante la Obertura del Acto I, pasó a brillar durante la Bacanal, siendo la cuerda de los chelos la que dio todo su potencial. El corno inglés característico en la Escena del pastor destacó sobremanera con un sonido limpio. Tras algún tutti poco pulido, y una sección viento metal palpablemente estridente, el Acto II sorprendió positivamente en sonoridad general. La Orquesta Sinfónica de Madrid es una agrupación que puede dar mucho de sí –y más en cuestiones operísticas–, demostrándolo durante el Acto III. En la Invocación al Venusberg y el Final: Coro de peregrinos lució su gran sonido de conjunto bajo la batuta del madrileño. Tanto es así que este último fue repetido como bis, ante la amplia tanda de aplausos.

Se trata de una de las grandes agrupaciones del país y ya han demostrado en muchas ocasiones lo que esta orquesta es capaz de hacer. Ante la nueva temporada operística que se inicia bajo la dirección artística de Joan Matabosch, y ante la nueva tanda de conciertos de este ciclo musical, la Orquesta Sinfónica de Madrid abre sus puertas a la expresividad y a la sabiduría que muestra su experiencia consagrada. Esperamos que continúen más conciertos como éste en el que, bien bajo el timón de Halffter, Ivor Bolton o Pablo Heras-Casado, pueda evolucionar y brillar como hasta ahora.

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