La crisis de público en los espectáculos de la llamada música culta es un hecho, así como su necesidad de adaptación a los nuevos tiempos. Entre las posibles opciones a barajar para afrontar este problema está la de introducir nuevos formatos de ejecución o difusión de estas obras. Ciertamente, un oratorio barroco cantado en alemán puede resultar, a priori, poco tentador a un público no familiarizado con el género ni el idioma, pero si esa obra se escenifica, puede ganar atractivo tanto para seducir a nuevas audiencias, como para ofrecer una perspectiva distinta a quienes ya la conozcan. La Pasión según San Mateo, que como es sabido narra la Pasión y Muerte de Jesucristo siguiendo el Evangelio, tiene muchos elementos operísticos, por lo que resulta a mi parecer una obra muy apropiada para escenificar.

La <i>Pasión según San Mateo</i> en el Auditorio Alfredo Kraus © Alejandro Quevedo
La Pasión según San Mateo en el Auditorio Alfredo Kraus
© Alejandro Quevedo

El concierto del pasado 2 de abril, Jueves Santo, fue fruto de la loable iniciativa de Michael Gieler, solista de la Royal Concertgebouw Orquestra de Ámsterdam, que decidió impulsar un festival dedicado a la obra de Bach integrando músicos holandeses y músicos radicados en Gran Canaria -procedentes del Concertgebouw y la Filarmónica de Gran Canaria respectivamente-, siendo esta versión semiescenificada de La Pasión el concierto más ambicioso de los programados en el bautizado como International Bach Festival Gran Canaria 2015.

Sobre el escenario del auditorio, la orquesta se dividió en dos secciones contrapuestas a derecha e izquierda, al igual que el coro, que se ubicó al fondo. En el centro, tras la orquesta y delante de los coros, se dispuso una mesa con viandas que representa la última cena, en torno a la que se sentaron los solistas, que se iban levantando a medida que intervenían. Todos los intérpretes de riguroso blanco excepto Judas, que apareció de rojo, simbolizando la sangre, la culpabilidad.

Michael Gieler dirigió la orquesta con buen pulso, al principio quizás algo frío y aséptico, resultó más cálido y comunicativo en la segunda parte. Sorprendió el sonido extraído de la orquesta, que no es estable, sino organizada para la ocasión; sobresalió en especial el sonido de las maderas, de tanta importancia en esta obra. La textura sonora estaba más próxima a la de las agrupaciones historicistas que al de una orquesta convencional.

El Coro de la OFGC © Alejandro Quevedo
El Coro de la OFGC
© Alejandro Quevedo

Los cantantes solistas, todos holandeses, estuvieron a un buen nivel, destacando como protagonista absoluto el Evangelista de Jan-Willem Schaafsma, con su excelente dicción declamativa y un instrumento muy bien moldeado, bordó el papel. El bajo Jan Willem Baljet, hizo gala de una voz profunda y grave con una buena proyección que llenó la sala, de una acústica no muy generosa con la voz humana. Su aria Komm, sübes Kreuz, fue particularmente brillante, así como la segura emisión en los recitativos en su intervención como Pilatos, cargado de tensión dramática. Buena intervención tanto de la soprano como de la contralto, mientras que Jasper Leever exhibió una bella voz de barítono muy apropiada para el papel de Jesús, entonando su rol con autoridad.

El Coro de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria estuvo más brillante en la segunda parte superando con solvencia tan difícil prueba; su director, Luis García Santana tuvo una breve intervención como Judas.

La puesta en escena, simple pero efectiva, acorde con su planteamiento de semiescenificación se limitó a la referida mesa de la última cena, en torno a la que se congregaban los cantantes en la primera parte, para ser sustituida en la segunda parte por un espacio vacío con un banco en el que sentaba el Jesús-reo, y yacía Jesús una vez expiró. El sutil juego de luces y los movimientos de los cantantes ayudaron a crear cierta ambientación dramática que apoyó bastante el seguimiento de la obra. Lo cierto es que las tres horas de música se fueron literalmente volando, lo que sin duda fue mérito de todos los participantes, que recibieron una fuerte ovación del numeroso público congregado y que obligó a los cantantes y director a salir varias veces a saludar.

En definitiva, una exitosa puesta de largo de este Festival Bach de Gran Canaria que esperemos, tenga continuidad en el futuro.