Dos de las bandas con más proyección en el plano exterior y de más asentamiento profesional en el interior, se daban cita por primera vez en un doble programa de hibridación musical e intercambio de tradiciones. La banda municipal de Bilbao y la de Barcelona, las dos centenarias bajo la misma batuta: José R. Pascual-Vilaplana, director titular de las dos bandas, en varios períodos de su larga trayectoria de conductor de diversas formaciones y orquestas. Ambas agrupaciones coinciden en dedicación y compromiso en celebrar repertorios inmerecidamente olvidados en la historia, considerando muy posiblemente aquello de música popular como despectivo, demostrando una gran calidad técnica en la ejecución y colaborando con artistas de diversos ámbitos para motivar obras de nueva creación. Estas dos bandas (y bandos a la vez) se envuelven de sus tradiciones y raíces culturales sin dejar de proyectarse en el futuro: un desfile de piezas representativas, seleccionadas para evidenciar el legado musical de cada tierra y hacia dónde van. Previamente al Concierto para banda de Amando Blanquer, el momento cúspide de la programación, la antesala estaba ideada con un repartimiento, algo desigual quizás, en cuanto a temas.

El director de bandas J. Rafael Pascual-Vilaplana © Mondemin | Wikimedia Commons
El director de bandas J. Rafael Pascual-Vilaplana
© Mondemin | Wikimedia Commons

El programa bilbaíno contaba con Bidasoa. Obertura para banda de José María Usandizaga como inicio y declaración de principios, una estructura musical que arranca a partir de temas tradicionales guipuzcoanos. Continuó con Una aventura de Don Quijote, poema sinfónico de Jesús Guridi que se sumaba a las piezas de referencia, en este caso recreando la dimensión popular a través del pasaje literario del enfrentamiento entre el caballero manchego y el don de Vizcaya de la obra de Cervantes. Claramente dominante la sección de metales altos respecto a los sectores compañeros de la banda, aunque la solvencia quedó reflejada en todo el conjunto, bien experimentado, sin permitirse descuidos.

Por otra parte, la banda municipal de Barcelona hizo un recorrido más extenso por su historia y adaptó varios períodos musicales para su programa. Esta cita musical ‘histórica’ en términos de interpretación, Empúries de Eduard Toldrà marcó el inicio de la otra mitad del encuentro, representando una obra que bien puede ser la consumación de la música de la tradición catalana: la sardana. La maledicció del comte Arnau, pieza del mismo autor. Para el final de la intervención catalana se dejaron la Glosa de l’Emigrant de Salvador Brotons; un himno a la tierra del autor, con una mirada introspectiva al origen del repertorio de su cultura.

La Banda de Bilbao © Bilbao Musika
La Banda de Bilbao
© Bilbao Musika

Pascual-Vilaplana estuvo verdaderamente impecable durante los turnos de conducción, además de poder jugar con ventaja por conocer sobradamente el trabajo de ambas bandas. Pero sobre todo destacó por la vertiente reivindicativa que tomó durante toda la ceremonia. Apostó, por activa y por pasiva, por una educación musical que no se obvie las raíces musicales de cada tierra, sus tradiciones y sus maneras de interpretar su sociedad a través de la música. El mensaje fue claro y conciso: se necesita enseñar en los conservatorios la riqueza cultural de donde uno viene y enseñar que, a partir de ahí, uno también va a parar a Mozart o a Beethoven. Bravo. Pascual-Vilaplana resultó ser la voz de protesta y desafío de todos los profesionales que se dedican al ámbito bandístico y que no reciben el suficiente reconocimiento ni se les muestra el mismo trato de seriedad. Discurso que quedó reafirmado por el nivel en las ejecuciones y la riqueza musical de los repertorios.

Puntada final con el Concierto para banda de Amando Blanquer, de enorme envergadura de instrumentos y un alto nivel de cohesión. Una de las obras que, como proclamó el director de Alcoy, merecen estar en mejor lugar y más visibles en las programaciones de las bandas. Como se decía en su presentación: “Que no se pierdan las raíces. Que no se pierda la identidad”.

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