Verdi, antes del estreno de Otello (1887), había barajado la posibilidad de llamarla Iago, ya que el antagonista maléfico de la trama supera en momentos al propio "moro de Venecia". Pues bien, ni el uno ni el otro lideraron el estreno liceístico de la producción de Andreas Kriegenburg, fue Desdemona la que mereció llevarse el título de la ópera. Y eso no puede ser muy buena señal.

Escena de <i>Otello</i> en el Gran Teatre del Liceu © Antoni Bofill
Escena de Otello en el Gran Teatre del Liceu
© Antoni Bofill

José Cura, que sustituía por motivos personales a Aleksander Antonenko, cumplía una década de su anterior Otello en Barcelona. Desafortunadamente su voz ha perdido proyección y su timbre se muestra un tanto engolado y estentóreo por momentos, además de que su interpretación actoral tampoco fue muy convincente. Ni en el "Dio mi potevi scagliar" del tercer acto ni en el desesperado "Niun mi tema" de la escena final vimos la contradictoria grandeza que desprende el personaje de Shakespeare. La puesta en escena y la dramaturgia tampoco le ayudaron a construir un mejor rol.

Y si Otello no estuvo todo lo brillante que se esperaba, tampoco Marco Vratogna fue el Iago maquiavélico y nihilista que debería. Con unos graves de timbre adecuado pero de escasa proyección para un teatro de las dimensiones del Liceo, su "Credo in un Dio crudel" fue simplemente correcto, en una de las páginas capitales del repertorio para barítono, se dejó llevar por el ambiente un tanto anodino que desprendía la velada.

Ermonela Jaho en el papel de Desdemona © Antoni Bofill
Ermonela Jaho en el papel de Desdemona
© Antoni Bofill
Muy satisfactorio fue en cambio el debut de la soprano albanesa Ermonela Jaho como Desdemona, con un bonito timbre de soprano spinto cercana en momentos a drammatica, y una expresividad interpretativa, tanto a nivel musical como actoral, que configuró un personaje de raza, alejado de la visión de la Desdemona sin nervio y sumisa que se puede ver en muchas producciones. En las escenas de "dormitorio" donde la caja escénica se reducía, se pudo apreciar más su delicada interpretación, sobre todo en la famosa "Canción del sauce" y en el "Ave Maria", dos momentos que sumaron los 15 minutos de mayor excelencia musical de la noche, además Jaho también estuvo acertada en las escenas con Otello. El público le rindió una gran ovación en agradecimiento a una actuación que fue sin duda la que mereció mayor premio. Una joven soprano a tener en cuenta para el futuro próximo, sin duda.

El papel de Cassio, aunque breve, es de vital importancia ya que la trama gira en torno al plan urdido por Iago y es en el que él se verá involucrado directísimamente. Por tanto, requiere de unos matices importantes que Alexey Dolgov no siempre tuvo, quedando por otra parte en consonancia con los dos protagonistas masculinos su timbre de tenor lírico es adecuado sin más. Correctas las interpretaciones del siempre fiable tenor Vicenç Esteve Madrid como Roderigo y del Ludovico del bajo moldavo Roma Ialcic.

La orquesta estuvo bien, en una temporada en la que su nivel va in crescendo, con muy buenas intervenciones de los metales en la fanfarria y el viento madera en general. Ofreció una interpretación fiel de la maravillosa partitura de Verdi, con algún pequeño desajuste sin importancia. Bastante plana en cambio la versión del director Phillippe Auguin, que aunque correcta, no aprovechó todo el brillo de la obra, para muestra una Escena final que dejó a casi todos bastante fríos. El Coro del Liceo, reforzado para la ocasión, estuvo muy bien, brillando en el trepidante inicio "Una Vela!..." y el famoso "Fuoco di gioia". Tambien acertado estuvo el Cor Infantil Amics de la Unió en su intervención.

Ermonela Jaho (Desdemona) y José Cura (Otello) © Antoni Bofill
Ermonela Jaho (Desdemona) y José Cura (Otello)
© Antoni Bofill

Y si bien la escena de Kriegenburg, situando la escena en un campo de refugiados donde Otello y los suyos son los guardias, viene al dedo de la actualidad en que vivimos, en algunos momentos faltó una lectura más profunda del texto y sobre todo de los personajes principales, con una escena final que no reflejó en su justa medida el momento dramático que merece la muerte de Desdemona a manos de Otello y la desolación de este al comprobar el plan de Iago que le lleva a su propio suicidio. Acertados guiños a la violencia de género en la sociedad y la pureza representada por unos niños y niñas  que "protegen" del mal o se compadecen de los protagonistas.

Una representación con demasiados claroscuros para un título capital, y que se recordará por la Desdémona de Ermonela Jaho.