El pasado 15 de abril, el aclamado trompetista venezolano, Pacho Flores, dio su primero de dos conciertos junto a la Orquesta Filarmónica de Bogotá. En medio de las medidas de contingencia por la pandemia del Covid-19, el concierto, programado en principio para el viernes 16 de abril, tuvo que adelantarse un día debido a la cuarentena decretada por la Alcaldía Mayor de Bogotá. A pesar de la premura en el cambio de fecha, el público capitalino asistió sin reparo al Teatro Jorge Eliécer Gaitán y acogió calurosamente a Flores, quien actuó como solista y director del ensamble de metales de la orquesta bogotana.

Lo primero que escuchamos fue Fanfare for the Common Man, dirigido por Flores, como todas las obras de la primera parte. Con el característico inicio triunfal de la percusión y las trompetas, entramos en sintonía con la sonoridad brillante y envolvente que mantendría el ensamble a lo largo del concierto. La precisión y contundencia de la percusión fue el hilo conductor de la noche: perfectos, sincrónicos y enérgicos. Bajo la batuta de Flores, el ensamble continuó con la Fanfarria La Péri de Paul Dukas, en la que pudimos disfrutar de la magnífica sonoridad de los cornos, una fila de instrumentos que también se lució a lo largo del concierto con su desempeño impecable.

El trompetista Pacho Flores
© Juan Martínez | martinezestudio.com

La dirección de Flores fue clara y precisa, llena de energía, carisma y contundencia. Con este concepto, aprovechó la sonoridad propia de este formato de metales, pasando de la intensidad y el brillo, a la profundidad y el color vibrante y dulce que pueden lograr este conjunto de instrumentos.

Uno de los momentos más esperados de la primera parte del concierto fue el estreno absoluto de la obra Musas y resuello, del propio Flores. Esta, como mencionó el director, compositor y trompetista, fue escrita como homenaje a Piazzolla. Así, en una conjunción rítmica y una sonoridad fabulosa, el ensamble cantó el tema melódico con aires tangueros, desplegando un abanico de matices fabuloso. Es de destacar nuevamente el desempeño de la percusión y, sobre todo, de los metales graves. Sin embargo, también hay que decir que se sintió la falta de un último ensayo, tal como estaba programado en un principio, pues hubo varias imprecisiones en el ensamble, a pesar de la claridad en la batuta de Flores.

Hay que llamar la atención sobre un tema que no pasó desapercibido y es que, a pesar de que toda a música tenía un gran protagonismo de las seis trompetas que integraron el ensamble, estas no lograron lucirse del todo, y su desempeño se vio opacado por algunas imprecisiones en notas, ataques y afinación.

Durante la segunda parte del concierto, el artista venezolano actuó como solista y director en compañía de la agrupación. Su deslumbrante interpretación de temas como Aires gitanos de Sarasate o Rhapsody in Blue de Gershwin reafirmaron el virtuosismo y la sorprendente habilidad de este hito de la trompeta. Con el despliegue técnico magnífico que caracteriza a Flores y con una sonoridad, limpieza y afinación loables, cautivó con su interpretación a la vez que dirigía el ensamble, en un derroche de talento y destreza que valió todos los aplausos del público.

Por su parte, en obras como Escualo, de Astor Piazzolla o el samba Labios vermelhos de su propia autoría, Pacho Flores dejó en evidencia su pasión por los ritmos latinos, así como su habilidad para cambiar el color de su sonido hacia uno más brillante y popular, alegre, enérgico y representativo de su identidad.

Fue una noche memorable en la que tuvimos la oportunidad de maravillarnos con tres facetas de este gran artista: la composición, la interpretación y la dirección del ensamble.

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