Segundo concierto de la temporada 2015-16 de la Orquesta Sinfónica de Galicia con un amplio y variado programa, conformado por una pieza recentísima, un concierto para piano solista y una versión cuasicamerística de Richard Strauss, más conocido por otro tipo de repertorios.

Comenzaba el director titular de la formación, Dima Slobodonieuk, exponiendo los recientes Tres interludios para orquesta (del año 2011) del compositor Benet Casablancas. Cabe destacar el énfasis que pone Dima en la inclusión de repertorio contemporáneo en la temporada (por otra parte, con menos posibilidades de ser escuchado habitualmente en directo) introduciendo prácticamente en todos sus programas alguna pieza de reciente creación, con el confesado ánimo de ampliar las miras del auditorio (que en el concierto del sábado no llenó el recinto, si bien se sigue observando un notable interés por estas sesiones sabatinas). La obra de Casablancas rompe con los clichés preestablecidos y sus dos movimientos extremos son más calmados (tanto rítmicamente, como en volumen sonoro), reservando los momentos de clímax para el interludio central y ofreciendo un final morendo. La armonía de la composición resulta asequible, lo que permitió que la obra fuese recibida con calurosos aplausos.

Javier Perianes
Javier Perianes
A continuación salía raudo al escenario el gran pianista español Javier Perianes para ofrecernos una intimista versión del Concierto para piano y orquesta núm. 4 en sol mayor, op. 58, de Beethoven. Perianes ofreció una gran riqueza de matices en su interpretación, con unos pianísimos prácticamente inaudibles en los que se podía apreciar tanto los delicados trinos realizados, como el golpeteo de los macillos del piano, para lograr tal sonido. La orquesta, controlada con magnífico tino en todo momento por Slobodonieuk, ofreció un perfecto balance sonoro. El piano podía ejecutar pasajes íntimos, de carácter solista, pero también destacar por encima del acompañamiento de la orquesta, siempre al servicio de Perianes. Asimismo, hubo momentos para que el pianista se integrase en la formación, como un miembro más de la misma. Difícil tarea, puesto que habitualmente se aprecian siempre desajustes sonoros en este tipo de interpretaciones, debidos muchas veces a que las orquestas actuales son demasiado grandes y tapan al intérprete solista. La ovación que recibió el pianista fue agradecida con la Serenata andaluza de Falla como propina, en la que se incidió en esa técnica depurada que permite al intérprete ahondar en los sentimientos que transmite con su música, sin tener que recurrir a alardes técnicos para mostrar su virtuosismo.

La segunda parte del concierto quedaba reservada para la interpretación de la Metamorfosis de Richard Strauss (compositor que, junto a Gustav Mahler, verá profusamente revisada su obra durante esta temporada por la orquesta). Llamó la atención la colocación de la sección de cuerdas de la Sinfónica, cuyos violines y violas tocaron de pie, al modo de un concerto grosso barroco. Perfecta afinación de una sección de cuerdas que creó un clima de gran densidad, si bien, por intentar poner algún pero al concierto, quizás pecó de monotonía en algún momento de la interpretación. En todo caso, gran versión de la compleja obra, demostrando que la sección está a un gran nivel.

Un interesante y variado programa para una velada más que agradable, en la que la presencia del magnífico Javier Perianes fue el broche de oro.

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