La Fundación Juan March apostaba, como hizo el año pasado con Cendrillon de Pauline Viardot, por la ópera de cámara, en este caso, Fantochines del compositor madrileño Conrado del Campo. Esta ópera estrenada en 1923 en el Teatro de la Comedia, y que no se representaba desde hacía 70 años, nos transporta durante su hora de duración a un ambiente teatrero, con la presencia de títeres, ofreciendo un modo distinto de afrontar una obra lírica. Con una historia digna de cualquier ópera bufa del siglo XVIII, y un estilo musical contemporáneo al tiempo de Conrado del Campo, de fácil escucha y relajado, este curioso, divertido, e inteligente montaje no tardó en enamorar al público de la Fundación.

Escena de la ópera de cámara <i>Fantochines</i> © Fernando Marcos
Escena de la ópera de cámara Fantochines
© Fernando Marcos

La puesta en escena verdaderamente respetaba el elemento de los títeres, estableciendo un escenario no muy complejo, con lo justo y necesario para que la trama y la obra se desarrollasen con dinamismo y efecto. Los vestuarios y la escenografía evocaron las características dieciochescas de la trama de manera muy sencilla, vistosa y efectiva. Junto con la pareja que protagoniza esta obra, Doneta (Sonia de Munck) y Lindísimo (Borja Quiza), encontramos influencia del teatro de títeres en la caracterización del personaje de Doña Tía. De nuevo, es de alabar la labor de esta coproducción con el Teatro de la Zarzuela por conseguir conectar a los títeres y cantantes en escena.

Los personajes no tienen una caracterización muy profunda (uno tampoco espera que la tengan en una obra de una hora de duración), sino que tiran de elementos, giros y juegos típicos de la commedia dell'Arte. En este punto hay que destacar la gran facilidad actoral de los cantantes: Sonia de Munck interpretó hábilmente a una Doneta astuta, lista, que en muchos momentos conseguía engañar a Lindísimo, un galán exuberante y chulo, actuado de manera muy cómica por Borja Quiza. Un elemento muy característico de la commedia dell'Arte es el metateatro, la conexión entre la escena y el público, y el teatro dentro del teatro. El barítono Fabio Burritia se encargó de esta conexión interpretando el papel de Titerero, que iba narrando los sucesos, además de poner la voz a Doña Tía.

La soprano Sonia de Munck © Fernando Marcos
La soprano Sonia de Munck
© Fernando Marcos

La orquesta de cámara, formada por cuarteto de cuerda, contrabajo, flauta, xilófono y piano, bajo la batuta de José Antonio Montaño (director ya casi podríamos decir especializado en recuperar óperas desconocidas), se movió cómodamente en el estilo de la obra, con mucha continuidad, sin perder el papel de acompañante, pero siempre destacando los  maravillosos detalles que dejó Conrado del Campo en la partitura. En las voces, destacó sobre todo Sonia de Munck. En su vuelta a Madrid tras el gran éxito que tuvo en Los diamantes de la corona el pasado noviembre en el Teatro de la Zarzuela, la soprano volvía a conquistar al público madrileño, con un papel que se movía constantemente por la zona aguda. Con una voz limpia, directa y perfectamente controlada en los agudos, la soprano madrileña pudo compaginar esta dura tarea con la actoral. Hubo buena compenetración con el otro protagonista, interpretado con gracia y chulería por el barítono gallego, aunque quizá este ofreció en ocasiones demasiado volumen, para lo que requiere una ópera de cámara en un lugar como el auditorio de la Fundación Juan March. Ambos ofrecieron un buen empaste, especialmente en los agudos, consiguiendo un bonito efecto. Fabio Burritia dotó a Doña Tía de gracia, con un timbre nasal apropiado, típico de las representaciones de títeres. En la única aria que tenía como Titerero, mostró de nuevo su adatabilidad, adecuándose al estilo, uno más lírico y melódico.

Pocas veces hoy en día se puede disfrutar del género de ópera de cámara tan bien representado e interpretado como los Fantochines que se han podido ver en la Fundación Juan March durante cuatro días. Por lo general, una producción muy acertada, sin demasiados recursos, pero realizada con gran conciencia, gracia, pasión y entrega.

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