El Festival Internacional de Música y Danza de Granada recibió a Sir Simon Rattle al frente de la London Symphony Orchestra para ofrecer una de las mejores interpretaciones de Mahler de la historia del Festival. El director británico es un gran amante del compositor bohemio-austriaco, y vuelca en su interpretación toda la pasión que le profesa. Tal fue el caso de la versión de la Sinfonía núm. 6 “Trágica” que ofreció en el primero de sus conciertos para el Festival de Granada.

Sir Simon Rattle en el Palacio de Carlos V de Granada © Jose Albornoz
Sir Simon Rattle en el Palacio de Carlos V de Granada
© Jose Albornoz

Simon Rattle abrazó la interpretación de la Sinfonía “Trágica” con una clara concepción de la sonoridad que deseaba en la LSO. El conjunto orquestal, profusamente reforzado en la sección de percusión dadas las exigencias de la partitura, fue cuidadosamente dispuesto en el escenario para compensar las ricas y complejas sonoridades de la obra, enfrentando a las cuerdas agudas y distribuyendo los vientos en maderas más trompas frente al resto de los metales. El resultado sonoro fue perfecto, ya que permitió al director potenciar cada motivo melódico y trabajar con preciosismo las dinámicas, ya fuera por adición, ya por contraste.

El primer movimiento, Allegro energico, comenzó con un magnífico perpetuum mobile de las cuerdas, que realizaron a lo largo de toda la obra un trabajo espléndido. Ajustadas a los tempi, a menudo complejos y cambiantes, su perfecto empaste y una cuidada articulación hicieron de dicha sección el núcleo motor de toda la orquesta. Destacó el trabajo impecable del concertino Gordan Nikolitch, quien además de tener a lo largo de la sinfonía varios momentos en solitario, equilibró magistralmente los efectivos de la LSO para ponerlos al servicio de la experimentada mano de Simon Rattle.

La LSO y Sir Simon Rattle durante el concierto en el Festival Internacional de Granada © Jose Albornoz
La LSO y Sir Simon Rattle durante el concierto en el Festival Internacional de Granada
© Jose Albornoz

Los vientos, tan importantes en Mahler, estuvieron omnipresentes y oportunos en cada una de sus intervenciones a lo largo de los cuatro movimientos de la sinfonía. Unas maderas cálidas y dúctiles dieron a menudo la réplica a la rotundidad de los metales, cuyo discurso efectista estuvo cargado de pinceladas de sonido y amalgamas armónicas muy bien construidas. La fuerza y vivacidad de su discurso fueron un complemento idóneo a las cuerdas, particularmente en los dos últimos movimientos. Por último, hay que destacar el trabajo de la percusión, reforzada a propósito en la partitura por el autor con instrumentos poco habituales en su literatura tales como el glockenspiel, las esquilas o un mazo de madera, algunos de ellos incluidos como reminiscencias del ambiente rural en el que Mahler solía retirarse en busca de inspiración.

Si el primer movimiento fue enérgico, el segundo resultó conmovedor e inspirado. Rattle demostró conocer bien el alma de Mahler al construir un universo sonoro sumamente contrastante con las demás partes de la obra, lleno de intimismo y emotividad. Clarinetes, flautas, trompetas y trompas dulcificaron su discurso en un elocuente diálogo con las cuerdas.

El Scherzo, claro ejemplo de cómo Mahler juega con las estructuras clásicas, ampliándolas y adaptándolas a un rico lenguaje motívico, sirvió al director para potenciar cada matiz tímbrico de su orquesta. Desde los timbales, que realizaron una estupenda labor, hasta la pequeña percusión y celesta, todos los instrumentos se integraron en este juego sonoro. Sin solución de continuidad, Rattle acometió con maestría el Finale: Allegro moderato-enérgico, un movimiento colosal en sus dimensiones y en su complejidad semántica. Una vez más, una LSO impecable y precisa demostró cómo, ante un director con criterio y experiencia, puede ser la mejor orquesta del panorama actual.

En definitiva, podríamos decir que se trató de una espectacular versión de la Sinfonía núm. 6 de Mahler, con la dirección espléndida de Simon Rattle, que meció en sus manos cuan hilandera prodigiosa los hilos temáticos de la obra en connivencia magistral con la LSO, un instrumento perfecto en manos de un gran artesano. El Palacio de Carlos V de Granada, lleno hasta la bandera, se puso en pie al unísono para aplaudir la que, posiblemente, ha sido la mejor versión de esta sinfonía que hemos podido escuchar hasta la fecha en el Festival de Granada.

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