En tres actos, como si se quisiera construir un concierto a la manera de una ópera, algunos de los cantantes colombianos que han cosechado triunfos en el exterior interpretaron arias, dúos y tríos de reconocidas óperas de los siglos XVIII, XIX y principios del XX en la Gala Lírica de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia en el Teatro Colón. De los tres, el tercero será especialmente recordado por el derroche de musicalidad, genio, aplomo y entrega: con seguridad, las herramientas que han utilizado estos cantantes colombianos para forjar la destacada trayectoria profesional por la que son reconocidos.

La soprano colombiana Betty Garcés © Andrés Gómez
La soprano colombiana Betty Garcés
© Andrés Gómez

Esta tercera sección fue consistente en su totalidad y la disfrutamos en crescendo. El dúo de Rodolfo y Marcello "In un coupé... O Mimì tu più non torni" de La bohème de Puccini interpretado por César Gutiérrez y Juan Fernando Gutiérrez estuvo correcto. Betty Garcés estuvo gloriosa y magistral en su interpretación junto al coro en el "Himno de pascua" de Cavalleria Rusticana de Mascagni. La escena en la que los ministros Ping, Pang y Pong narran sus desventuras en el Turandot de Puccini fue interpretada por Andrés Felipe Orozco, Alejandro Escobar y Valeriano Lanchas de manera divertida, exacta y carismática; escuchamos un "Nessun dorma" precioso en la voz de César Gutiérrez y, finalmente, en el aria del primer acto de Falstaff de Verdi "L'onore! Ladri!", Valeriano Lanchas hizo alarde de su experiencia y de su exhuberante instrumento.

Lamentablemente las secciones previas no tuvieron la consistencia de la parte final. Aunque en las dos primeras secciones la mayoría de las interpretaciones estuvieron correctas, no igualaron lo logrado en la sección de cierre del concierto. Hubo momentos angustiantes y desafortunados. Para olvidar el aria de Nemorino del segundo acto de L'elisir d'amore de Donizetti "Una furtiva lagrima", interpretada por Alejandro Escobar. Su voz no respondió ni al carácter ni a los exigentes agudos de la pieza. Luego, notoriamente angustiado, en el dúo de Violetta y Alfredo de La traviata, Escobar volvió a flaquear desluciendo el trabajo de Juanita Lascarro. Pero tal vez la interpretación más desafortunada fue la de Andrés Felipe Orozco del aria de Tito "Se all'impero". Se deslizó por la mayoría de los pasajes sin precisión y, aunque su voz tiene buena presencia, esta es un aria que requiere de mayor articulación y ligereza, cosas que en la noche del jueves no mostró.

La OSNC con Hilary Griffiths al frente © Andrés Gómez
La OSNC con Hilary Griffiths al frente
© Andrés Gómez

Las estrellas de la noche fueron indiscutiblemente la soprano Betty Garcés y el bajo-barítono Valeriano Lanchas. Además del "Himno de pascua", Garcés interpretó bellamente el aria de la condesa "Dove sono" de Le nozze di Figaro de Mozart y, junto a Lanchas, un hermoso dúo de La forza del destino de Verdi. Por su parte, Valeriano se hizo notar desde su primera aparición cuando interpretó la cavatina "Udite, udite, o rustici" de L'elisir d'amore de Donizetti; el tempo y el carácter fue definido de manera desafiante por el cantante y claramente el director tuvo que hacer un trabajo extra por seguir el acertado arrojo que Lanchas le imprimió. La sorpresa de la noche fue la interpretación inteligente del barítono Juan Fernando Gutiérrez en la mayoría de sus apariciones. Actuó con una energía correctamente dosificada y logró hermosas versiones en Rossini y Mozart. No tan lúcida fue su interpretación del "Pierrot's Tanzlied" de Die tote Stadt de Korngold.

La orquesta realizó un trabajo muy interesante, apoyó constantemente el trabajo de los cantantes y, además, tuvo momentos de genialidad como cuando interpretó la "Danza de los siete velos" de Salome de Strauss. El coro realizó interpretaciones acertadas aunque considero que la concha del teatro jugó en contra del correcto balance con la orquesta y los solistas. Deseo ver con más frecuencia actuando junto a las orquestas del país a los muchos otros grandes músicos que en el exterior desarrollan carreras con éxito; que se sigan repitiendo este tipo de galas las cuales son un ejemplo del crecimiento interpretativo de los músicos colombianos.

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