En su duodécimo programa de abono, la OSG retornaba al periodo clásico de la mano del director británico Richard Egarr. Junto con el Coro de la Sinfónica de Galicia –dirigido por Joan Company- y un excelente trío de solistas, conformado por la soprano Mhairi Lawson, el tenor James Gilchrist y el barítono Andrew Foster-Williams, se ofrecía al público coruñés el magno oratorio, “La Creación” de Franz Joseph Haydn.

El director y clavecinista Richard Egarr © Joseph Stevenson
El director y clavecinista Richard Egarr
© Joseph Stevenson

Egarr desvistió a la obra de la pompa y circunstancia con la que habitualmente es interpretada, dando vida a una “Creación” armoniosa e idílica, pero al mismo tiempo radiante e imaginativa. Solistas, orquesta y coro hicieron suyo el planteamiento de Egarr, transmitiendo la máxima convicción en todas sus intervenciones.

El peso de la interpretación lo llevó sin duda el Coro de la Sinfónica. Desde el pianissimo inicial del "Und der Geist Gottes" hasta la apoteosis final "Vollendet ist das grosse Werk" hubo una absoluta catarsis entre el coro y Egarr. Éste evidenció una vez más sus cualidades como director vocal, moldeando a la perfección dinámicas, entradas, acentos, legato e integrando sutilmente a la masa coral con el moderadamente amplio efectivo orquestal. En ningún momento se resintió el sonido coral: siempre empastado, homogéneo, y con una magnífica proyección, hasta el punto que llenó sin mayor problema la amplia sala del Palacio de la Ópera.

Fue definitiva la aportación del trío de solistas, los tres británicos y relativamente jóvenes, los tres buena prueba de los frutos que la tradición coral de las islas no cesa de ofrecer. Mhairi Lawson mostró una emisión fácil, natural  y un timbre delicado y cristalino. Fascinantes su hermosa coloratura en su primer solo, "Mit Staunen sieht das Wunderwerk", y sus deslumbrantes melismas describiendo el vuelo de las aves en "Auf starkem Fittiche schwinget sich der Adler stolz". James Gilchrist mostró una magnífica dicción en sus recitados y un timbre conmovedor en su gran aria "Mit Würd' und Hoheit angetan". Andrew Foster-Williams sorprendió por su lirismo y su amplio registro. Su bufo "Rollend in schäumenden Wellen" fue de lo más emotivo y creíble. En el no menos operístico dúo de Adán y Eva creó junto a Lawson una voluptuosidad que visiblemente contagió a todo el público.

Orquestalmente hubo un balance ideal entre el uso de instrumentos modernos y la autenticidad del sonido. Sobrecogedora la recreación ominosa del caos o la gloriosa del amanecer, pero no menos meritoria la onomatopéyica creación de los animales salvajes. Merece mención especial la sección de viento madera, con una reveladora nitidez y transparencia en sus imitativas intervenciones.

En resumen, una soberbia interpretación que hizo justicia a la utopía humanista del sexagenario Franz Joseph Haydn, demostrando que su mensaje idealista sigue perfectamente vigente en nuestra época actual.

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