El Auditorio Nacional de Madrid, dentro del ciclo Liceo de Cámara XXI del CNDM, cierra el mes de enero con una propuesta renovadora de calidad y excelencia a cargo de un repertorio netamente español. El interés residía tanto en el estreno absoluto de la obra más reciente del célebre Antón García Abril, como en la presentación de la primera grabación de los quintetos con piano de Enrique Granados y Joaquín Turina que el Cuarteto Quiroga y Javier Perianes han tenido a bien legar a la posteridad. Un repertorio sublime con una acogida excelente por el público madrileño, que tuvo su eco el día 27 en el prestigioso Palau de la Música de Barcelona.

El Cuarteto Quiroga © Josep Molina
El Cuarteto Quiroga
© Josep Molina

Antón García Abril apartaba momentáneamente su inclinación hacia las formaciones sinfónicas para regresar "de manera imperiosa" a la música de cámara con su Cuarteto de cuerdas núm. 4, original por la novedad en el desarrollo estructural con respecto a sus anteriores producciones camerísticas. Los siete espacios que particularizan el conjunto pertrecharon la sala con una atmósfera de impresiones espirituales flotantes que parecían volver nuevamente a la humanidad de la música. Las melodías curiosas, amables, llenas de ingenio y de vitalidad originaban narrativas trascendentes que permitían la comunicabilidad de las vivencias del compositor a través de una técnica compositiva variada e intuición musical. El Cuarteto Quiroga hacía andar a esta partitura con una interpretación elegante y refinada, gracias a una conjunción entre sus cuatro integrantes y afinación extraordinarias, pero también a su técnica depurada y sensible condicionante de un sonido de una amplitud y calidad digno de la mejor orquesta de cuerda. La recepción fue calurosa por parte del público madrileño hacia esta muestra de música clásica contemporánea.

Javier Perianes © Marco Borggreve
Javier Perianes
© Marco Borggreve
El buen hacer continuó con Granados y su Quinteto para piano y cuerda en sol menor, Op.49. Esta obra se convierte en una muestra del romanticismo, respetuoso con la tradición pero, a su vez, abierto a los nuevos tiempos. Pero la modernidad viene de la mano de la cuerda, mientras que el tratamiento del piano es esencialmente romántico. Javier Perianes dejó patente que su gran sensibilidad artística y su técnica pianística no tienen parangón, y mostró su versatilidad, en estrecho entendimiento con el cuarteto, con una interpretación más evocadora que colorista, con un estilo poético totalmente acorde a la confidencialidad de la música del compositor ilerdense. Ilustra esta idea de refinamiento e intimismo musical el segundo movimiento, donde el reparto melódico, muy sólido y equilibrado entre ambos frentes, conducía a un lirismo marcadamente íntimo sin ser dulzón, que sugería la evocación de un emotivo paisaje interior en los asistentes. La interpretación del Cuarteto Quiroga y Perianes fue elegante y elástica, caracterizada por un bello sonido, excelente fraseo y una musicalidad exquisita que resultó ser de lo mejor de un gran concierto.

Ya desde los primeros compases de la obra de Turina, con ese delicioso comienzo contrapuntístico que sirve de pórtico y que es el exponente luminoso que vertebra el conjunto, se apreciaba el germen enérgico y cautivador de la personalidad musical del sevillano, donde el academicismo de la Schola Cantorum y el impresionismo del ambiente artístico francés se dan la mano amistosamente por última vez, para orientar su música definitivamente hacia España. Excesivamente riguroso, con un dominio técnico indescriptible, esta obra de cámara contiene y exige en sus cuatro movimientos un alarde de sobriedad, dulzura y pureza de estilo, exuberante en modulaciones inesperadas que los intérpretes agudizaron de manera espontánea pero reflexiva, además del carácter firme y preciso que éstos impregnaron a la composición, principalmente en el Andante, y no menos en el Final, donde la claridad y transparencia en los pasajes de alta complejidad polifónica alcanzaban un equilibrio irreprochable que avala el reconocimiento internacional de sus ejecutantes.

En definitiva, una apuesta ambiciosa, convincente y sensible hacia repertorio casi inexplorado, conducida por la muy recomendable fórmula Quiroga-Perianes. Un cierre de noche de a pedir de boca.

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