Precedida por su fama de niña prodigio y por sus indiscutibles dotes técnicas, Ana Vidović debutaba en Madrid en una de las últimas citas de la IV Edición del Festival Internacional de Guitarra. La ocasión se presentaba ciertamente muy sugerente para escuchar a la artista croata, quien preparó un programa extenso y completo que abarcaba desde el siglo XVIII hasta el siglo XX, tanto con piezas adaptadas como por otras originalmente concebidas para el instrumento.

Ana Vidović en el Auditorio Nacional
© Festival Internacional de Guitarra de Madrid

Vidović es efectivamente una guitarrista con una técnica muy interiorizada, un dominio del instrumento muy completo y una forma de abordar las obras que prima ante todo la nitidez y claridad del discurso. Lo vimos inicialmente ante los arreglos de las piezas de Bach: en la Suite para violonchelo núm. 1, Vidović presentó el material de forma ordenada, con un fraseo bien asentado, un sonido mesurado, haciendo hincapié en los momentos más delicados y con un uso sobrio de la ornamentación. La también bachiana Sonata para violín núm. 1 siguió unas pautas parecidas, si bien en este caso la escritura contrapuntística es más compleja y Vidović aplicó sus cualidades en articular el juego de las distintas voces de forma sutil y natural. Lo que en cierta medida faltó en este primer bloque centrado en Bach fue un sonido más amplio y un uso mayor de las resonancias del instrumento, aunque quizá corresponda a una elección interpretativa marcada por la pulcritud y diafanidad. La Gran Sonata Eroica de Giuliani permitió mostrar la agilidad de Vidović en los saltos de la mano izquierda a lo largo del mástil, así como la perfecta integración entre la parte melódica y el acompañamiento con un control y equilibrio excelentes.

Tras el descanso, Vidović apuntó una pequeña variación con respecto al programa de mano, sustituyendo el Tiento antiguo de Rodrigo por un extracto del segundo movimiento del Concierto de Aranjuez. Tanto en este, como en La Catedral de Barrios Mangoré, Vidović sacó a relucir su registro más lírico: incluso en estas páginas, en las que es fácil caer en el sentimentalismo, la guitarrista croata mantiene una impecable sobriedad, alejada de todo cliché romántico, pero ligando las piezas con expresividad correcta. El bloque dedicado a cuatro de las Sonatas de Domenico Scarlatti, en su versión para guitarra, se mantuvo más cercano a la parte dedicada a Bach: mucha concentración, atención a las voces internas y una exposición bien ordenada, además de un sonido “clavicembalístico” muy interesante por aproximarse al del instrumento original, al mismo tiempo de ser capaz de imprimir su propio carácter.

La guitarrista Ana Vidović
© Festival Internacional de Guitarra de Madrid

En el último bloque, Vidović proponía la Grande Ouverture, op. 61 de Giuliani y la Introducción y variaciones sobre un tema de Mozart, op. 9 de Fernando Sor. Se trata obras del periodo de oro de la guitarra clásica que muestran todo el potencial casi orquestal del instrumento. Vidović, fiel a su estilo de control absoluto sobre cada cuerda y articulación, aprovechó este potencial con sonoridades más amplias que hasta el momento y un brillante juego de contrastes melódicos. Lo que mayormente salió a relucir en estas piezas –además de la ya citada agilidad de la mano izquierda– fue su habilidad de la mano derecha con un equilibrio sonoro muy logrado entre las distintas cuerdas y por ende entre las diversas capas de las piezas.

Las propinas, Asturias y Recuerdos de la Alhambra, no fueron menos y mostraron la completa gama de registros emocionales que Vidović sabe controlar, fiel a su estilo que, no obstante su mesura y reticencia a cualquier exceso, levantó grande entusiasmo en la sala. No cabe duda de que el debut madrileño de Vidović ha llegado en un momento magnífico de su carrera, conjugando una ya evidente madurez con una aún más que probable proyección. 

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