La Selva Morale e Spirituale es probablemente uno de los compendios más complejos de abordar del barroco temprano: Claudio Monteverdi nos dejó, en su publicación de 1641, un gran catálogo de obras sacras que le situaba como el compositor más importante en el ámbito religioso de la Venecia de la época, que, interpretado en su totalidad, podría llegar a durar más de tres horas. El CNDM ha decidido comenzar su homenaje a Monteverdi (de quién se celebran este año 450 años de su nacimiento, con un sinfín de ciclos y conciertos dedicados a su obra), con algunas de sus trabajos menos difundidos y conocidos. En este caso, de la mano de el Balthasar Neumann Ensemble y Choir, un conjunto reconocido por la interpretación con criterios historicistas, bajo la dirección del granadino Pablo Heras-Casado.

Pablo Heras-Casado © Fernando Sancho
Pablo Heras-Casado
© Fernando Sancho

La selección que realizó Heras-Casado de las cinco secciones de este opus (la segunda parte de esta selección se realizará a finales de este año) fue lo suficientemente variada como para resultar amena y acercar este repertorio al público de la sala sinfónica del Auditorio Nacional. Comenzando y terminando con dos tuttis como son el Dixit Dominus (II) y el apoteósico Magnificat (I), y como centro de la velada el Laudate Dominum, el resto de piezas fueron de carácter solista o concertante, como se denominaría hoy en día, es decir, dos o más voces con acompañamiento instrumental. Debemos destacar puntos culminantes del concierto, como Salve Regina o Crucifixus, claros ejemplos de la seconda prattica monteverdiana, y su uso de disonancias, cromatismos, y demás elementos madrigalísticos para plasmar el afecto de los versos en la música, contrastando con el Credo que se incluyó a posteriori en el programa, perteneciente a una misa de la misma colección, compuesto en el estilo antiguo o anterior de Monteverdi.

El Balthasar-Neumann Ensemble © Florence Grandidier
El Balthasar-Neumann Ensemble
© Florence Grandidier

En cuanto a la interpretación, la parte vocal destacó en los momentos de tutti, especialmente en el Magnificat ya mencionado, desplegando gran potencial y maravillosa dicción. En los momentos solistas, los cantantes no lucieron del todo. Tanto de la parte instrumental como vocal se esperaba mayor intensidad y emoción, que son exigidas por la exquisita partitura de Monteverdi. No faltos de técnica vocal ni dicción, los cantantes no mostraron el lado más "humano" que está plasmado en estas obras sacras. Sin duda alguna, las voces graves estuvieron muy por encima de las agudas, que encontraron algunos problemas en las zonas graves, o que simplemente se vieron afectadas por la sequedad de la sala, no muy apropiada para este repertorio. El uso de contratenores, a parte de su validez histórica o no, no aportó volumen ni afinación al conjunto. Los tenores y bajos fueron el gran motor dinámico y afectivo de la sección vocal.

En lo que se refiere a la sección instrumental, el Balthasar-Neumann Ensemble contó con un variado y colorido continuo: dos tiorbas, arpa, bajón, órgano y clave, violone y viola da gamba, que se mostraron por lo general consistentes durante todo el concierto. Si bien, el gran motor dinámico instrumental fue la sección de cuatro trombones, magistrales en todas sus intervenciones, así como los cornetti. Los dos violines estuvieron correctos, sin demasiados adornos y embellecimientos virtuosísticos.

En definitiva, es un evento especial y singular siempre que se programan interpretaciones de la Selva Morale e Spirituale, tanto por la complejidad de la colección en sí, como por los intérpretes necesarios para recrear la sonoridad y sensación gloriosa y potente de números como el Magnificat Laudate Dominum que pudimos escuchar. Heras-Casado dirigió tanto el coro como la orquesta con sugerencias interesantes de dinámica y agógica, pudiendo posiblemente sacar más emoción de los intérpretes que, por lo general, estuvieron fríos en muchos números, aunque mejorando y sintiéndose más cómodos conforme avanzaba la velada.