Tal vez el Weichnachtsoratium se mantenga a una cierta distancia de la cumbre de las composiciones religiosas de Bach, representada por las Pasiones o por la Misa en si menor, pero redunda decir que no deja de ser una composición de enorme calidad y con un rasgo fundamental que es su dulzura y su delicadeza que se introducen y conviven con la seriedad del momento narrado, esto es, el nacimiento de Jesús de Nazareth, conjugando la historia del niño que viene al mundo en condiciones adversas con el hecho de que ese niño sea Dios encarnado en hombre. Es necesario atender a esta dimensión para comprender adecuadamente este conjunto de cantatas, así como el regocijo y la alegría que se encuentran en ellas, algo que las formaciones protagonistas de este concierto, la B’Rock Orchestra junto al Chorwerk Ruhr y su director Florian Helgath, lograron de forma coherente y eficaz a lo largo de la velada.

El coro inicial “Jachzet, frohlocket!” nos transmitió plenamente ese espíritu de alegría del Adviento que se mentaba antes: sonido compacto, tiempos adecuados, un coro bien afinado y sostenido por el conjunto instrumental. El comienzo, de hecho, mostró uno de los puntos de fuerza de ambas formaciones: los coros y los momentos de gran implicación sonora fueron los más logrados y animados por indudable vivacidad. Otro elemento destacable fue la atención puesta a los recitativos, que efectivamente sostienen la narración, pero que musicalmente pueden sonar algo rutinarios; sin embargo, los solistas se mostraron adecuados en tal sentido, y sobre todo el tenor Fabio Trümpy que supo imprimir con conciencia el elemento característico de la narración, alternando el estilo con respecto a las arias. También en la mezzo Marie Henriette Reinhold pudimos apreciar buenas cualidades: una voz cálida, de interesante tímbrica, de buena dicción, aunque, por momentos, de fraseo algo rígido y escasa participación emotiva.

El conjunto B'Rock Orchestra en el Auditorio Nacional
El conjunto B'Rock Orchestra en el Auditorio Nacional

Por otro lado, se optó por repetir da capo los coros y las arias, algo que funcionó más con los primeros que con las segundas, lo cual muestra como probablemente los momentos solistas, aunque correctos, no fueron los más destacables; si bien hubo algunas excepciones como las intervenciones de la soprano Sarah Wegener o el dúo de ésta con el barítono André Morsch en la Cantata III. En cuanto a los corales, pieza fundamental en la arquitectura del género, tal vez carecieron de un cierto carácter de intimidad que sería más propicio, a pesar de la buena afinación del coro y la inteligencia de Helgath en articular el fraseo. De hecho, fueron los corales acompañados por la orquesta (algo menos habitual en el género) los que sonaron más ricos y capaces de involucrar al público.

En cuanto al sonido instrumental, ejecutado mediante instrumentos de época, hay que decir que fue caudaloso, decidido, con los riesgos que ello conlleva, como por ejemplo, cubrir en ciertos momentos a los cantantes, o los casi inevitables errores de las trompetas de época, que aparecieron en varios puntos. Sin embargo, es de destacar la atención en la articulación del bajo continuo, especialmente en los recitativos, que dio cuerpo y profundidad en todo momento.

El nivel de los elementos descritos se mantuvo constante a lo largo de la obra, lo que indica una buena de labor de conjunto y una lectura coherente: puede que la Cantata II, más íntima, fuera la menos lograda, dada una cierta tendencia a languidecer en los momentos más líricos, pero quedaron momentos muy reseñables, como el aria “Frohe Hirten”, un dúo del tenor con la flauta o el aria de la mezzo “Schlafe, mein Liebster” con sus firmes notas largas.

Mientras que en la Cantata I prevalece el júbilo de la Natividad, en la última, con la desaparición de las flautas, entramos en el clima más serio con la llegada y la adoración de los Reyes Magos: en cierta medida, es como si Bach nos quisiese decir que hasta la adoración el Niño Jesús era sólo un niño, y ahora ya se tiñe de la necesaria solemnidad. También por atender a esta dimensión simbólica, se puede decir que esta interpretación del Oratorio de Navidad bachiano, no obstante algunos de los aspectos ya indicados como mejorables, fue rigurosa en su concepción y acertada en su ejecución.

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