Un concierto cuanto menos curioso e interesante el seleccionado por el Círculo de Bellas Artes para cerrar la segunda edición de su ciclo “Círculo de Cámara”: la agrupación barroca Accademia del Piacere junto con el cantaor Arcángel y su interesante programa Las idas y las vueltas exploran el mestizaje entre la música barroca, el flamenco y los ritmos americanos. Un programa que lleva en circulación en torno a una década pero que, aun así, sigue causando sensación allá donde va, y en este caso no fue menos, pues se consiguió, a pesar de la situación de pandemia, colgar el cartel de “Entradas agotadas”.

No es para menos, el espectáculo es único y muy atractivo. Es muy interesante escuchar ritmos y melodías renacentistas evolucionar y transformarse en algo completamente distinto, pero sin perder del todo su identidad. Es el caso del Romance del rey moro. Esta bella y conocida canción de los años finales del medievo español sonó con fuerza y sentimiento con la voz de Arcángel acompañada por la percusión de Agustín Diassera hasta derivar en un intenso cante flamenco. Una transición completamente natural y paulatina que traslada al oído con mimo de un estilo a otro gracias a la polifacética voz de Arcángel.

Fahmi Alqhai, a la viola da gamba, y el cantaor Arcángel
© Volker Struh

Algo similar ocurrió también con Las morillas de Jaén, comenzando con una introducción de cajón flamenco y guitarra, arrancó después el cantaor con la antigua melodía que, mediante cambios de ritmo retornaría al flamenco sin perder del todo la esencia renacentista. Resulta sencillo entender, pues, este concepto de idas y vueltas que presenta el programa.

La apuesta fue aún más allá y según avanzaba el concierto pudimos escuchar apuestas aún más atrevidas. Por ejemplo la Vidalita de Pepe Marchena, popularizada por el cantaor Enrique Morente, adquirió de la mano de la Accademia del Piacere unos ritmos caribeños que transformaron completamente la pieza, ofreciendo al público una forma única de escucharla. O la guaracha ¡Ay, que me abraso! del compositor novohispano (actual México) del siglo XVII Juan García de Zéspedes, a la que la voz de Arcángel dio un cariz flamenco con su voz rota ofreciendo un curioso híbrido que podríamos denominar como “guaracha aflamencada”, pues reunía el ritmo alegre de un género y el sentimiento del otro, toda una experiencia para los sentidos.

También hubo lugar para el flamenco más puro con la Alegría que ofreció Arcángel junto con la guitarra y el cajón flamenco. El cantaor se recreó en este palo de origen gaditano mostrando potencia y elegancia a partes iguales. No faltó tampoco el lucimiento virtuosístico de los instrumentistas. Especialmente reseñable me parecieron las improvisaciones sobre las folías, ese tema barroco cuyo esquema armónico inspiró a compositores de la talla de Vivaldi o Lully. En el caso de la Accademia del Piacere pudimos escuchar interesantes conversaciones entre la viola da gamba de Fahmi Alqhai y la guitarra flamenca de Miguel Ángel Cortés aportando ese toque exótico al tema de la folía. Fue el mismo caso que el del Pasacalle que ofrecieron de propina. Un género barroco que, una vez más, como si siempre hubiese estado oculto en su naturaleza, en su misma concepción, se va retorciendo hasta interiorizar ese quejío del flamenco de la mano de la guitarra, mientras las violas siguen manteniendo el esquema barroco. Una metamorfosis de la que cualquier alquimista podría sentirse orgulloso.

Si alguna lección hay que sacar de este concierto es, sin duda la de la vitalidad de la música. Más allá de la experiencia musicológica que se da en la interpretación histórica, también cabe la experimentación y la transformación de la música que en sus idas y venidas rara vez se ha mantenido estable, pues como nos ha demostrado Arcángel y la Accademia del Piacere, el cambio, el mestizaje, también está en su misma naturaleza.

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