La prolífica programación que a lo largo del mes de diciembre se puede disfrutar en los Teatros del Canal, con sello contemporáneo y de intercultural riqueza, se debe a la 34 Edición del Festival Internacional Madrid en Danza. En todos los rincones la danza se hace cuerpo, se muestra a sí misma en la adherencia antes que en la diferencia. Un subtítulo adecuado por la confluencia de nacionalidades y la diversidad de lenguajes, que convergen en una de las celebraciones más esperadas en la capital madrileña.

En <i>Autobiography</i> el ritmo no cesa nunca, es parte del ciclo temporal de la existencia © Richard Davies
En Autobiography el ritmo no cesa nunca, es parte del ciclo temporal de la existencia
© Richard Davies

La reconocida Company Wayne McGregor, ecléctica e interdisciplinar, ha estrenado en España Autobiography. Una autobiografía inestable, de alterada cronología y de vacíos latentes, como lo son los pensamientos que acucian la mente de cualquier individuo. Su fragmentación toma como referente los 23 pares de cromosomas que la citogenética secuencia en cada célula humana, equiparando al mismo número los sucesos coreográficos que componen el archivo vital de su creador. A través de una operación algorítmica desarrollada por Nick Rothwell, de desconocido sistema y variables, se genera una estructura diferente en cada función. Así, McGregor exime de límites que condicionen una determinada disposición del esqueleto coreográfico. En este caso, son algo más de la mitad las secciones escogidas; quince, una cifra que representa en numerología la libertad de movimiento. Y sobre esta imposición del albedrío cronológico, nos tomaremos la licencia de mencionarlas quebrantando el orden que la matemática aplicó a la función.

“Avatar” es la pieza que reinicia el ajetreo filosófico de sus recuerdos, a través de un solo pendular en el que se contorsiona el cuerpo desde el ondular del torso y la linealidad de las extensiones. Las alusiones al ballet clásico son más que relevantes en “Remember”, donde se advierte una melodía de cuerdas fraccionada, brusca y despedazada entre los pizzicatos de violines o las dobles cuerdas de los chelos. Entre sus silencios se permiten baterías precisas, equilibrios en attitude o en arabesque a 45º, pas de chats, sissonne en arrière, grand jettés infinitos o brissés volé de percusión silenciosa. El recuerdo de la danza académica clásica no se deja perturbar por la contorsión o la ruptura de la línea. Los cuerpos atléticos se retuercen, pero sin llegar al encogimiento físico. En general, se trata de una danza atlética, en la que predominan los movimientos espasmódicos que elevan las extremidades a su límite.

<i>Autobiography</i> de Company Wayne McGregor © Richard Davies
Autobiography de Company Wayne McGregor
© Richard Davies

La agresiva composición musical, fundada en gran parte de las piezas en un persistente ritmo electrónico propuesto por Jlin, vuelve dolorosa la atención a ciertas secciones. Esta distorsión se prolonga al cuerpo, en “Not I” o lleva al intérprete a un ritmo frenético cercano a la enajenación, en “(dis) equilibrium”. Los tambores de la sabana africana en “Knowing”, el goteo de la lluvia amazónica en “Nature”, la animalización sonora en “Three Scenes” o la respiración jadeante en “Luncent” restituyen la ausencia del vínculo ritualizado que une al ser humano a la tierra. “Instinct” es el despertar de estos instintos. El remanso de calma de “Traces” se agradece entre tanta irritación tímbrica, aunque sus alusiones barrocas tropiezan con la estética general.

El ritmo no cesa nunca, es parte del ciclo temporal de la existencia, tampoco en “Ageing”, ni tan siquiera es reducida la velocidad de su latir. Sus pasos, en múltiples direcciones hablan sobre un envejecer sin miedo, los cuidados portés, sobre la importancia de la unión en este viaje. “Choosing” es el único desenlace posible. El espectador es más que nunca protagonista, cuando tres focos móviles apuntan con una luz intensa y directa a cualquier ángulo de la sala.

© Richard Davies
© Richard Davies

Tampoco es la primera vez que el diseño de iluminación, configurado magistralmente por Lucy Carter, se propone cegar a la audiencia, como en “Nurture” o en “World”. El cromatismo de las proyecciones y los prismas piramidales suspendidos a lo alto del escenario, diseñados por Ben Cullen William, enriquecen los cambios de secuencias. En “Sleep” desafiarán la precisión coreográfica de los bailarines con su descenso al suelo, alterando los espacios disponibles para el mover de su cuerpo.

Las escenas muestran experiencias vitales despersonalizadas, con ausencia de cualquier rol de género, potenciando con inteligencia las distintas formas de abordar la complejidad de cuerpo y espíritu. Se trata el abandono, la traición, la fragilidad, las discrepancias, el perdón, el olvido, el instinto de protección. El camino que se pudo transitar el 7 de diciembre quizás sea uno exclusivo; quizás la repetición en su estructura externa sea una cuestión tan remota, que habría que estar reponiendo la pieza en un bucle constante para que su patrón se duplicase. Las ventanas a las que se asoma el espectador, los convierten en observadores ejemplares, como aquellos de La ventana indiscreta de Alfred Hitchcock; o en participantes autónomos que se apropian de la vivencia de McGregor.

Autobiography puede “leerse” como la memoria corporal de la colectividad, gracias a la universalidad de los sentimientos que desencadenan cada episodio o capítulo, cual novela desprovista de una narrativa lineal.

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