La faceta compositiva de uno de los reyes más afamados de la historia, Enrique VIII (1491-1547) muchas veces se ha pasado por alto. Sin embargo, tanto las piezas de su autoría como las de músicos contemporáneos que participaron en su capilla musical, como William Cornysh o Robert Fairfax, son de gran refinamiento y delicadeza. Lo pudimos comprobar en el concierto que ofreció el grupo británico Alamire, liderado por el director y musicólogo americano David Skinner en la Fundación Juan March. Previo al concierto, la musicóloga Tess Knighton realizó una introducción valiosa y útil para entender el carácter que tenía esta música en la corte del rey inglés y acercarnos un poco más a esta época.

El conjunto Alamire © Alamire
El conjunto Alamire
© Alamire

El conjunto constó de cuatro cantantes y dos instrumentistas: laúd renacentista y arpa. Este formato reducido, característico de las formaciones camerísticas de la época (y que siempre mantiene el grupo Alamire) permitió una rica variedad de combinaciones entre las voces, y fueron pocas las piezas en las que participaron todos los miembros. En muchas de las obras, tanto el laúd como el arpa realizaban algunas de las voces y se mantenía uno o dos cantantes, mientras que otras se cantaban a capela o eran estrictamente instrumentales. Sin duda, la alternancia de los conjuntos fue el elemento que amenizó el programa, con piezas donde la imaginación del intérprete a la hora de instrumentar es clave. Y así lo agradeció un público muy receptivo y complacido. So pena de la acústica de la sala, no del todo idónea para esta música y que jugó algunas malas pasadas, sobre todo a los cantantes.

El programa constaba mayoritariamente de piezas conservadas en manuscritos ingleses y de compositores británicos (con la excepción de la primera, de Philippe Verdelot). Por lo general, salvo algunas piezas en latín de carácter religioso, la temática del carpe diem y el amor cortés, derivada de la estética medieval trovadoresca, estaban muy presentes en las piezas. En ese sentido, la inclusión del arpa y el laúd renacentista (a cargo de Kirsty Whatley y Jacob Heringman) fue crucial para transportar a los oyentes a esta época pasada. Mostraron su gran dominio del lenguaje, con un fraseo natural y totalmente acorde con el carácter vocal de la música de aquel entonces.

La sección vocal, formada por los tenores Nick Todd y Simon Wall, el bajo William Gaunt y Kirsty Hopkins supliendo a la mezzosoprano Clare Wilkinson, también mostró un dominio de su instrumento y un gran empaste. Posiblemente, Kirsty Hopkins tuvo más altibajos, teniendo una función crucial en muchas piezas a solo con laúd y arpa, donde se vio expuesta en los graves, pero mostrando gran musicalidad y delicadeza, como en Ah the sighs de William Cornysh. Las voces masculinas realizaron un concierto formidable: la elegancia de Simon Wall, el virtuosismo de Nick Todd en una línea vocal de un ámbito extenso, y el sustento de la profundidad del canto de William Gaunt, fueron consistentes durante este concierto de difícil interpretación. Cabe destacar la pieza Ah, Robin, también de Cornysh, a la que se unió el director. En otras como Pastyme with good companye, una de las más conocidas de Enrique VIII y que cerró el concierto con la participación de todos, mostraron la gran experiencia y trabajo que han tenido como grupo.

Un concierto de difícil interpretación, con condiciones acústicas duras para un conjunto vocal de este carácter y con este repertorio, pero en el que los intérpretes defendieron su labor casi a la perfección.

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