A los diversos homenajes que se han realizado este año a Sebastián Durón con motivo del tricentenario de su muerte, se sumó el de Accademia del Piacere, conjunto liderado por el violagambista Fahmi Alqhai. Sin duda, el compositor nacido en Brihuega, fue posiblemente el más importante en la península durante la segunda mitad del siglo XVII, componiendo diversas obras escénicas de gran calidad, a la vez que era maestro de la Real Capilla. El homenaje del pasado miércoles en el CNDM, bajo el nombre Muera Cupido (título de la última aria que interpretaron) fue bien merecido, ya que se pudo observar la evolución compositiva en sus obras escénicas, y su adaptación al nuevo lenguaje de las arias da capo.

En este ocasión, la agrupación fundada en Sevilla vino acompañada de la soprano Nuria Rial, una de las mayores especialistas en repertorio barroco, y sin duda una de las voces más hábiles, limpias y cristalinas del panorama de la interpretación histórica. La soprano, a pesar de sus grandes virtudes, no mostró una clara dicción del texto, pero ofreció momentos de gran belleza y gusto, realizando numerosos adornos y mostrando consistencia en las partituras escogidas.

El director de Accademia del Piacere y violagambista Fahmi Alqhai
El director de Accademia del Piacere y violagambista Fahmi Alqhai

En la instrumentación, Alqhai optó por su habitual formación con violas da gamba (a cargo de Rami Alqhai y Johanna Rose) y quintones, unos instrumentos híbridos en su afinación y aspecto entre el violín y viola da gamba soprano, de origen francés, pero tañidos como violas da gamba. La razón de esta elección puede residir en querer conservar la esencia del consort de violas que tiene el conjunto y no tener que incluir violines. Sin embargo, esto tuvo su problemática, ya que estas partes están escritas para violín originalmente. A esto se sumaron los numerosos ajustes de afinación que tuvieron que realizar, viéndose interrumpido el discurso del concierto.

El mayor acierto fue, posiblemente, el programa en sí y las piezas escogidas, todas de una belleza extraordinaria que muestran una vez más la maestría compositiva de Durón. A ya clásicos como el solo humano Sosieguen, descansen repleto de armonías y disonancias muy afectivas, y la Cantada al Santísimo Ay, que me abraso de amor en la llama, un ejemplo de cómo el carácter musical hispano y popular se extrapolaba al ámbito sacro, se unieron nuevas recuperaciones históricas muy valiosas, como el aria "Glauco señor, dueño mío" de Veneno es de Amor la envidia. Caben destacar dos piezas que sorprendieron gratamente por su excelente construcción: la Cantada All’assalto de pensieri de autor anónimo, y Pastorella che tra le selve de Bononcini, contemporáneo a Durón, con una interpretación sencilla pero de gran dulzura por parte de Nuria Rial (esta última interpretada como propina).

En las piezas instrumentales (algunas de ellas arreglos o adaptaciones Fahmi Alqhai) el conjunto se mostró muy diestro. Alqhai abusó demasiado del virtuosismo, y en muchos casos no enclarecía las ideas y afectos que quería transmitir. Debemos destacar el continuo del clavecinista Javier Núñez y del guitarrista Miguel Rincón, este último explotó los recursos de la guitarra barroca al máximo, ofreciendo momentos de gran virtuosismo, y siendo el gran motor rítmico, armónico y percusivo en las piezas cantadas, con una excelente compenetración con la línea vocal.

En definitiva, fue un buen homenaje al maestro de Brihuega, valioso por la recuperación de nuevas obras. El conjunto consiguió mantener su particular sonido, y su carácter innovador, pero que no conjugó a la perfección con el programa escogido.

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