Difícilmente podría haberse imaginado Wagner cuando acuñó el término de Gesamtkunstwerk que un género tan arraigado a la cultura alemana como es el lied podría contemplarse dentro de ese concepto de “obra de arte total”. Sin embargo, también es cierto que Wagner nunca escuchó a Christian Gerhaher.

Comencemos por la música y la poesía, las artes que más evidentemente se dan dentro del género del lied pues, de manera simplificada no es más que poesía musicalizada. Sin embargo, es mejor no caer en simplificaciones, pues muchas veces la frontera se desdibuja y tenemos algo que podríamos llamar música poetizada. Esto ocurre, por ejemplo, cuando es el piano el que narra, con notas en vez de palabras evidentemente, la historia que nos cuentan los diferentes poemas. Supone un esfuerzo para el pianista, que debe transmitir con los dedos tanto como el cantante con su voz, pero Gerold Huber lo consiguió sin problemas, su maestría y dominio del repertorio no fue solo sonora, sino también visual. Le pudimos ver encorvado, apenas moviendo las manos más de lo estrictamente necesario en aquellas partes trémulas, mientras que en piezas como "Ging heut morgen übers Feld", se dejaba llevar por el optimismo de las primeras líneas del poema. Pero, si de transmitir se trata, nada mejor que la voz humana, que puede darle a la música inteligibilidad, y aunque algunos cantantes no le den a este valor la importancia que se merece, Gerhaher, que sí sabe cómo se debe hacer lied, sí se lo dio.

Gerold Huber y Christian Gerhaher durante el recital en el Teatro de la Zarzuela © Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) | Elvira Megías
Gerold Huber y Christian Gerhaher durante el recital en el Teatro de la Zarzuela
© Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) | Elvira Megías

De todas formas, es cierto que Mahler no es Schubert, y en este caso la música se sitúa claramente superior al poema, guiando la lectura de estos en todo momento. Por ejemplo, el piano se ha convertido ya en un pajarillo cuando en "Wer hat diez Liedlein erdacht" la voz los nombra, o cuando el dramatismo de "In diesem Wetter, in diesem Braus" ya se aprecia en la música desde las primeras líneas gracias al piano agitado y la voz trémula. Y precisamente es esta facultad la que me gustaría destacar en Gerhaher: su capacidad para introducir al oyente en un aura diferente a la que acude al teatro, de transmitirle los sentimientos del poema mediante la música. Si meditamos lentamente sobre ello, cosa que no recomiendo, nos están generando placer emociones y estados de ánimo dramáticos como la melancolía o el dolor de la pérdida de un ser querido. Este regocijo en el sufrimiento es puramente romántico y tal vez por ello sea el lied el género rey de este movimiento artístico.

Pero al principio hablábamos de Gesamtkunstwerk u obra de arte total. Ya hemos visto la música y la poesía y cómo se transmiten gracias a una prodigiosa técnica que Gerhaher oculta dándole a su fraseo una imagen falsa de naturalidad y sencillez, aunque de vez en cuando podamos apreciar en los saltos a los registros extremos del barítono –especialmente el sobreagudo–, o en los rápidos cambios de matiz, articulación o carácter la verdadera dificultad de este repertorio. Sin embargo, aún no hemos hablado del resto de artes que deben aparecer en la “obra de arte total”.

Repasemos pues: en cuanto a arquitectura tenemos el auditorio del Teatro de la Zarzuela que supone un escenario excelente para este tipo de música –y además muy cómodo–. En cuanto a la escultura, ¿qué me dicen del porte de dos figuras trajeadas en torno a un piano en posturas que son capaces de reflejar tanto tensión como relajación? Relacionado con ello está la danza, o más bien el movimiento con los brazos, la cabeza o el cuerpo entero que ayudan al canto y a transmitir las emociones, ya que al igual que en la ópera un buen cantante no debe estar rígido ni siquiera en un recital.

Y me faltaría, eso sí, la pintura, por mucho que me pareciera excelente la gama cromática y la iluminación del patio de butacas del Teatro de la Zarzuela. Y no se crean que no me resulta frustrante haberles hecho llegar hasta aquí para ahora decirles que no podemos hablar de “obra de arte total”. Acepten, si quieren, como justificación que lo que le importaba a Wagner de todo esto era que el arte se transmitiera de una forma igual a la de la tragedia griega que, según dicen, transformaba completamente al espectador mediante la catarsis, transformación que sí consiguió Christian Gerhaher.

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