Es difícil opinar sobre algo que no se sabe exactamente qué es. El término “adaptación” resulta un tanto ambiguo, yo casi preferiría el uso de “actualización”, pero tampoco es del todo así, ¿no? ¿O acaso las bromas sobre Carmen Polo siguen siendo de actualidad?

<i>Sueño de una noche de verano</i> de Gaztambide en la Zarzuela © Javier del Real | Teatro de la Zarzuela
Sueño de una noche de verano de Gaztambide en la Zarzuela
© Javier del Real | Teatro de la Zarzuela

Pero es que la materia prima no es gran cosa, el libreto de Patricio de la Escosura fue ampliamente criticado en su época, bien es cierto que no por su contenido, sino por ser una traducción de una obra del enemigo francés –las heridas de la Guerra de Independencia aún no se habían cerrado–, y en cuanto a la música pues, a pesar de estar firmada por Gaztambide, atención a lo que publicó el Correo de los Teatros a fecha de 29 de febrero de 1852: “En cuanto al mérito artístico, ó sea la parte musical de esta zarzuela, nos ha impresionado poquísimo, y de consiguiente muy poco podemos decir también de ella. Si se esceptúan el duo del final del primer acto, [...] el coro primero del segundo acto escelentemente armonizado, bien así como el final de la ópera, y alguna que otra canción del señor Salas de alguna novedad y gusto, todo lo demás es paja que no querrán recoger, ni apreciarán los que tienen derecho á esperar del señor Gaztambide obras tan concluidas y bien ideadas como la aplaudidísima «Mensagera».” Fin de la cita. Partiendo de semejante libreto y una música que poco tiene que decir, ¿qué se puede hacer? Pues la verdad es que bastante, porque sin duda Bianco y su compañía le dieron un nuevo significado a eso de “rescatar” una obra.

Raquel Lojendio (Isabella) Luis Cansino (Juan Sabadete) Beatriz Díaz (Olivia de Plantagenet) © Javier del Real | Teatro de la Zarzuela
Raquel Lojendio (Isabella) Luis Cansino (Juan Sabadete) Beatriz Díaz (Olivia de Plantagenet)
© Javier del Real | Teatro de la Zarzuela

La escenografía y el vestuario –a cargo de Nicolás Boni y Jesús Ruiz respectivamente­– fueron sublimes y justificaron plenamente la aparentemente aleatoria decisión de Raúl Asenjo de trasladar la escena a la Roma de los años cincuenta. El movimiento escénico a cargo de Marco Carniti fue lo mejor de la noche, y el clímax artístico que no se logró con otros aspectos de la producción, sí lo consiguieron los espectaculares planos que nos brindó el trabajo del director de escena italiano. La orquesta también hizo una gran labor, excelentemente dirigida por Miguel Ángel Gómez Martínez, el cual se tuvo que batir entre los agresivos cambios de compás y tempo que Gaztambide escribió en números como la "Romanza y dúo" de Guillermo e Isabella o el "Dúo final" entre Arturo y Guillermo. El maestro lo resolvió sin problemas y la orquesta estuvo perfecta, bien imbricada y coordinada con los cantantes, especialmente brillante la sección de maderas, destacando flauta y clarinete.

Raquel Lojendio y Santiago Ballerini © Javier del Real | Teatro de la Zarzuela
Raquel Lojendio y Santiago Ballerini
© Javier del Real | Teatro de la Zarzuela

Los cantantes estuvieron especialmente motivados. El coro hizo un excelente trabajo, en su línea habitual, y los solistas ofrecieron grandes momentos, exprimiendo al máximo cada oportunidad que les daba la música de Gaztambide. De este modo pudimos escuchar un bellísimo dúo entre Santiago Ballerini (Guillermo) y Raquel Lojendio (Isabella) al final del primer acto. El tenor se movía con una naturalidad apabullante en los agudos con un timbre irresistible, mientras que la soprano aprovechó para mostrar sus cualidades vocales en el registro agudo, así como su faceta de bailarina con un espectacular ballet. Luis Cansino, en su papel cómico de Juan Sabadete, también fue muy del agrado del público, de él cabe destacar sus cualidades interpretativas y declamativas, ya que fue el único cantante al que se le entendía perfectamente sin necesidad de tener que estar mirando el texto. Beatriz Díaz y Javier Franco en sus papeles de Olivia de Plantagenet y Arturo Látimer también hicieron un buen trabajo aunque sus partes no les permitieran lucirse tanto como los protagonistas.

En definitiva, podemos decir que sí han logrado rescatar El sueño de una noche de verano de Gaztambide, aunque tal vez no lo mereciera. Como dijo durante la propia representación Sandro Cordero caracterizando a Orson Welles, “El trabajo de todos nosotros... de todos los artistas durará unas pocas décadas, unos siglos o ­con suerte cuatro o cinco milenios”. Esta zarzuela tal vez solo mereciera esas “pocas décadas”, pero ya que han decidido despertarla antes de que vuelva a dormir, tal vez ya por toda la eternidad, ¿qué menos que quitarnos el sombrero antes quienes han puesto todo de sí para dar un buen espectáculo?

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