Con el cartel de entradas agotadas colgado desde hace tiempo y un ambiente de expectación y de festividad, el Teatro de la Zarzuela ofrecía como repertorio para su concierto navideño dos zarzuelas de Amadeo Vives, Los flamencos y La buena ventura, recientemente recuperadas. Ambas contaron con la colaboración de los hermanos Fernández-Shaw, Guillermo, en la primera, y Carlos en la segunda, y la celebración de los 150 años del nacimiento de este último, supuso una buena ocasión para rendir homenaje a estas dos figuras importantes de la literatura española del siglo XX.

La soprano Sabina Puértolas © Francisco García ‘Lucanux’
La soprano Sabina Puértolas
© Francisco García ‘Lucanux’

Para Los flamencos, un sainete en dos actos de 1928, se contó con Sabina Puértolas en el papel protagonista (Ventura); la soprano eclipsó al resto del reparto, (también es verdad que la escritura de Vives para este personaje es mucho más elegante y sofisticada que para los demás) y demostró su gran calidad en los pasajes difíciles. El tenor Enrique Ferrer presumió del gran volumen de voz que tiene en el papel de Manolo, sin embargo, abusó del vibrato en demasiadas ocasiones. El dúo de estos dos personajes al final del primer acto, se interpretó con gran gusto y sentimiento. Algunos de los solistas eran miembros del Coro del Teatro de la Zarzuela. En el caso de Carmen Paula Romero en el papel de Mariquita, a pesar de tener un timbre muy bello, su escaso volumen de voz contrastaba con el del resto de cantantes. Francisco José Pardo (otro miembro del coro) estuvo a la altura del elenco principal en su papel (el Niño de la Bola), y los cuatro conformaron el cuarteto en torno al cual giran los enredos amorosos de la obra.

La buena ventura, zarzuela de un acto y cinco cuadros de 1901, está inspirada en la novela de Miguel de Cervantes, La gitanilla (esto es un posible guiño al año cervantino que espera en 2016) y es de mayor calidad musical que Los flamencos, especialmente en los concertantes. Vives y José María Guervós comparten la autoría de la obra y llevan al terreno musical, con mucha gracia, el ingenioso libreto de Carlos Fernández-Shaw y Luis López Ballesteros. En lo que se refiere a los papeles solistas, Susana Cordón mostró su gran volumen y calidad en las zonas graves en el papel de Preciosilla. Sin embargo, su movimiento escénico era demasiado forzado, quizás delimitado por sus esfuerzos en la realización de las agilidades. María Rodríguez, Carducha, demostró una vez más en este teatro, tras su éxito en La del soto del Parral, la gran presencia escénica que tiene, compaginando sus capacidades actorales con una buena pronunciación del discurso musical. Cabe destacar también la labor de la soprano Simge Büyukedes como Don Juan, con una buena dicción del texto, de cierta dificultad a la hora de cantarlo.

La orquesta, bajo la batuta Cristóbal Soler en el que es su último concierto como director titular del teatro, explotó la variedad de colores tímbricos y se pudo observar perfectamente el talento del maestro Vives en cuanto a orquestación. Muy buen trabajo en la sección de viento, que se mostró muy flexible entre el mayor dramatismo de la escritura junto con la cuerda, y la parte con más gracia en estas dos obras de Vives, junto a la percusión. El coro, de nuevo, se mostró a la altura, especialmente en La buena ventura donde tuvo una importante participación.

En cuanto a la dramaturgia escénica, Javier de Dios salvó el hecho de que el Teatro no ofreció libreto ni sobretítulos (grave error, teniendo en cuenta lo difícil que resulta a veces la comprensión del texto) al contar con dos actrices con experiencia, Teresa Calo y María José Sarrate, para narrar e interpretar la acción dramática de las obras. En la primera, de carácter costumbrista, adoptaron el habla y carácter madrileño a la perfección. En la segunda, sin embargo, su interpretación fue demasiado forzada y el discurso perdió naturalidad.

Como fin de fiesta, el coro y la orquesta interpretaron unas adaptaciones de villancicos, ya en espíritu festivo y navideño, e invitaron al público a cantar en el coro perteneciente a Luna de Miel en el Cairo (que el público pudo disfrutar la pasada temporada) "Tomar la vida en serio es una tontería, hay que gozarla y hay que reir" dando fin, con gracia y jocosidad, a una velada en la que los protagonistas fueron los hermanos Fernández-Shaw, la ingeniosidad de sus libretos, y la gran calidad musical de la escritura de Vives. 

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