La esperada Joyce DiDonato apareció perfectamente vestida para la ocasión. En una ópera en versión de concierto se suele apostar tan solo por exuberantes modelos de lujo pero, para el ojo atento, el estampado de su vestido no pudo resultar más apropiado: dragones defendiendo un castillo imperial en un diseño desenfadado y colorido; un perfecto adelanto de lo que sería su actuación. Así, convertida en una especie Khaleesi de vodevil, ofreció una magnífica actuación en un papel que estrena con esta gira europea, acompañada de un cartel que estuvo, cuando menos, a su nivel de estrella internacional.

Joyce DiDonato (Agrippina) y Andrea Mastroni (Pallante) © Javier del Real | Teatro Real
Joyce DiDonato (Agrippina) y Andrea Mastroni (Pallante)
© Javier del Real | Teatro Real

Su Agrippina es, para empezar, un portento de teatralidad. Armada tan solo con su carisma y unas gafas de ver con las que parecía dirigir a cantantes e instrumentos solistas, cautivó a un público del que consiguió arrancar más risas que aplausos. Exhibió un desparpajo exuberante –salió fortalecida incluso de una entrada a destiempo en su dúo con el oboe– y nunca cruzó la frágil frontera que separa lo burlesco de lo grotesco. Vocalmente, ese estilo impetuoso que le ha causado frecuentes críticas cuando aborda el bel canto, le funciona a la perfección en el barroco. En lo que podría entenderse como un exceso de confianza, pareció no aplicarse al máximo en el primer acto, pero reaccionó a tiempo. El agudo poderoso, emitido con squillo y naturalidad, ese vibrato pujante y el dominio de las dinámicas –pura emoción en su “Pensieri, voi mi tormentate”– hicieron finalmente de su interpretación algo para recordar.

Elsa Benoit (Poppea) y Joyce DiDonato (Agrippina) © Javier del Real | Teatro Real
Elsa Benoit (Poppea) y Joyce DiDonato (Agrippina)
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Pero, como decíamos, el resto del reparto no desmerece el nivel de la estrella, a pesar de haber sufrido cuatro sustituciones de última hora, nada menos que el 50% de los solistas. La sorpresa de la noche fue el inesperado bajo-barítono Renato Dolcini que, aunque algo corto de carácter en recitativos, ofreció una lección de canto sublime, una belleza cimentada en un refinado legato y en saber combinar su color oscuro con agilísimas coloraturas. Una opción de última hora para Claudio y un cantante del que queremos escuchar mucho más. La aprendiz de manipuladora Poppea recayó en la francesa Elsa Benoit, un canto fino, con excelente proyección en pianos y medias voces con su canto in maschera, aunque también con alguna limitación en los staccati. En un excelso "Vaghe perle, eletti fiori" demostró un sabio entendimiento del espíritu de los da capo, no solo como una repetición llena de coloraturas, sino como una oportunidad para ampliar la dimensión emocional de la pieza.

Los cantantes Fagioli, DiDonato, Dolcini, Sabata, Benoit, Vistoli y Mastroni junto Il pomo d'oro © Javier del Real | Teatro Real
Los cantantes Fagioli, DiDonato, Dolcini, Sabata, Benoit, Vistoli y Mastroni junto Il pomo d'oro
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Tener a tres excelentes contratenores sobre la escena nos brinda la ocasión de admirar la notable evolución que ha tenido esta cuerda en las últimas décadas, atrás quedan los años en las que eran habituales las dificultades para que sus voces llenaran las grandes salas y abundaban los timbres demasiado artificiosos. En el Nerón de Franco Fagioli pudimos disfrutar de un espléndido color brillante y, sobre todo, de unas florituras pertinaces y explosivas –gran momento en “Come nube che fugge dal vento”– que potenciaron el carácter cómico del personaje. En contraste, en el Otonne de Xavier Sabata, tan querido para el público, escuchamos un timbre más oscuro y por momentos –no se entienda esto como algo negativo– con una cierta oquedad que produce interesantes resonancias. Su contención introspectiva en "Voi che udite il mio lamento" le otorgó merecidamente los bravos del respetable. Y para terminar la triada de agudos, se debe destacar la agilidad y precisión del Carlo Vistoli como Narciso.

Junto a la impecable calidad de los solistas, la vivacidad del ensemble Il pomo d’oro hizo que una obra de más tres horas dominada por las arias da capo fluyera como un suspiro. Parece que de esta gira saldrá una grabación que debemos aguardar con interés y altas expectativas; esperemos tan solo que el cartel de titulares esté a la altura de los suplentes.

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