El debut en el Teatro Real de Madrid de un cantante a la altura de Bryn Terfel supone siempre un evento de altura, de hecho, siempre se pueden ver entre el público caras conocidas en este tipo de conciertos, ya que hasta a las celebrities, les suenan los grandes nombres de la lírica. Además, se ofrece el privilegio de escuchar una voz como la del galés sin tener que hacer gala del temple necesario para aguantar una ópera de Wagner, todo un reto para un oyente de ópera primerizo.

Sir Bryn Terfel © Javier del Real | Teatro Real
Sir Bryn Terfel
© Javier del Real | Teatro Real

Sin embargo, lo que no nos esperábamos ninguno de los asistentes era encontrarnos con un recital de la Orquesta titular del Teatro Real con interludios musicales interpretados por Terfel. Dicho esto me dispongo a comentar la actuación de la orquesta que, a pesar de no ser su recital, tocó casi tanto tiempo en solitario como acompañando al bajo-barítono. En la primera parte del concierto, dedicada exclusivamente a Wagner, interpretaron para comenzar un preludio al tercer acto de Lohengin, una pieza ideal para animar a cualquiera. Sin embargo, la interpretación no estuvo a la altura de la calidad que suele ofrecer la formación, no sé si debido a la falta de ensayos o a la dirección de Josep Caballé Domenech, la orquesta no sonó homogénea. Esto fue especialmente notorio en la Cabalgata de las valquirias ya que, mientras las cuerdas sonaron ágiles y raudas como cabe esperar de las servidoras de Odín, los metales iban a la zaga con una interpretación pesada y poco clara.

Bryn Terfel, por otra parte, mostró en esta primera parte que se siente cómodo interpretando a Wagner en dos arias que requieren una voz muy versátil y en las que destacaron los graves de Hans Sachs en Was duftet doch der Flieder hasta el registro más agudo casi de barítono del dios Wotan en La Valquiria

Tras cantar dos arias, el merecido descanso de rigor, como no, y a la vuelta nos esperaba otra vez la orquesta, esta vez, por suerte, interpretaron La belle Hélène con mucha mayor fortuna que la música de Wagner e hicieron un acompañamiento excelente para que Terfel pudiese lucirse con la interpretación del Mefistofele de Boito, con mayor expresividad que en Wagner y con una asombrosa calidad en los silbidos que pusieron al público madrileño a sus pies. Con la misma naturalidad interpretó La ópera de los tres centavos, la orquesta también estaba más tranquila, había pasado lo más difícil, ahora tocaba disfrutar, y ese disfrute, de algún modo se contagió a un público que aplaudió a rabiar todas las piezas interpretadas, especialmente tras If I Were a Rich Man de El violinista en el tejado en la que Terfel se deshizo de la chaqueta e hizo gala de sus capacidades actorales con su habitual naturalidad que nos hace pensar que eso que está haciendo es fácil, tanto que algunos se atreven a tararear las primeras notas. Pero no, no es en absoluto sencillo lograr esa naturalidad que solo el galés consigue sobre el escenario, mucho menos combinarlas con actuar y conseguir que el público se entretenga y, todo esto, mientras se ofrece una calidad vocal excelente. Terminó el recital con una canción galesa de propina: Ar Hyd y Nos, y el público y el que suscribe se quedaron con ganas de más en un recital que, si bien tal vez no será recordado por la calidad de la música que escuchamos los asistentes esa noche al Teatro Real, tal vez lo sea por las excelentes cualidades interpretativas de Bryn Terfel que, al menos, nos permitieron disfrutar de una agradable velada y, a más de uno, descubrir nuevo repertorio.

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