Poder escuchar a Piotr Beczała es un lujo para los oídos. Poderlo hacer dos veces en un mes nos permite además tener un espectro más completo de sus capacidades y dotes. Habíamos escuchado al tenor polaco hace un mes junto con la Orquesta Nacional, aportando su voz en Das Lied von der Erde y, a raíz de aquella cita, el recital de anoche se hacía aun más prometedor. He de confesar que la forma del recital operístico me parece un poco anacrónica e incluso algo engorrosa: las arias sacadas de contexto, las idas y venidas de la estrella de la noche con los múltiples aplausos derivados y la tendencia al paroxismo técnico son elementos inevitables, pero que estaba dispuesto a aceptar. Lo cierto es que, a pesar del formato, el itinerario propuesto por Beczała y el director Łukasz Borowicz tuvo una coherencia y una buena combinación entre piezas menos conocidas del repertorio polaco y los grandes éxitos de la ópera italiana tardorromántica. Además también la Orquesta Titular del Teatro Real compartió protagonismo con diversas intervenciones instrumentales.

El tenor Piotr Beczała durante el recital en el Teatro Real
© Javier del Real | Teatro Real

Borowicz comenzó precisamente con la obertura de Halka, de Moniuszko, considerado este como el padre de la ópera polaca. La orquesta brilló con riqueza de colores, un abanico de efectos completos y buena pujanza rítmica. Desde esta primera pieza, hasta todas las sucesivas intervenciones, tanto instrumentales como acompañando al tenor, Borowicz supo sacar unas sonoridades frescas de la formación titular del Real, con unas dinámicas muy cuidadas y gran sentido del teatro. Únicamente el Intermezzo de Cavalleria rusticana sonó algo retenido y convencional.

Beczała entró en escena con "Come un bel dì di maggio" de Andrea Chénier, implicándose desde el comienzo con una voz que conjuga muy bien la potencia con un fraseo elegante y una tímbrica aterciopelada. Desde los primeros momentos demostró una voz ya preparada para las hazañas que este tipo de recital exige. Cumplió con creces en el recorrido italiano, más conocido, aunque imprimió mayormente su personalidad en la vertiente polaca: desde "Gdy ślub wezmiesz z twoim Stachem" de Żeleński hasta "Czy ty mnie kochasz" de Nowowiejski, pasando por la encantadora "Aria z kurantem" de Moniuszko, Beczała entonó con convicción esas letras cargadas de melancolía y nostalgia. No son páginas exentas de épica y exigen notables cualidades vocales, pero mantienen también un lado más íntimo que permitió al tenor polaco mostrar sus matices en los registros intermedios. También su identificación con los roles pareció más profunda y conmovedora en esas arias, evocando ese mundo eslavo que debería tener más lugar en los repertorios de ópera.

El tenor polaco Piotr Beczała
© Javier del Real | Teatro Real

En cuanto a la senda italiana, Beczała exhibió un gusto antológico en sus elecciones con Puccini, Mascagni o de nuevo Giordano en otro de los bises. El tenor tiene una forma de estar en la escena de las de antes, de esos tenores míticos, que nuestra generación conoce solamente por grabaciones: frac impecable, mandíbula ancha, expresión hierática y, por supuesto, una voz firme, capaz de entonar esas notas altas sin fisuras, suscitando el entusiasmo del público. No le falta a Beczała sentido del espectáculo sabiendo crear la progresiva expectación que desembocó en el "Nessun dorma" de Turandot. Los riesgos de la página son consabidos, tanto intrínsecamente por sus características técnicas, como por ser tal vez el aria más conocida. Beczała no se amedrentó y colocó los agudos en su lugar, sin ninguna timidez, destacando en todo momento frente a la masa sonora de la orquesta, manteniendo con soltura las notas largas pero sin excesos y con buen gusto.

A un público que no se quería ir, el tenor brindó varios bises: de nuevo Puccini y Giordano, además de Bizet. De ellos, resultó inspirado particularmente su "E lucean le stelle" de Tosca, por su calidad tímbrica y su arrebatadora naturalidad. No cabe duda de que Piotr Beczała es una de las voces del momento, con un repertorio que sabe combinar bien los papeles más clásicos, las aportaciones de la música vocal de su tierra y las nuevas experiencias, como Wagner, que el tenor cantó con excelentes resultados en 2016, admitiendo empero que nunca será un cantante wagneriano. Solidez, buen quehacer y medios consolidados, hicieron que el recital de anoche fuera un éxito, que seguramente habrá ocasión de repetir.

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