El barítono italiano Luca Pisaroni se estrenaba en el Ciclo de Lied con un programa que, haciendo honor al título, incluía algunas de las piezas más distintivas del género, así como otras menos conocidas. Si bien a lo largo de la temporada los programas de estos recitales del CNDM han paseado por la canción española, la chanson francesa o piezas de nueva creación, para cerrar el año, optaron por volver a los orígenes: un programa germánico en estado puro.

El barítono Luca Pisaroni © Jiyang Chen
El barítono Luca Pisaroni
© Jiyang Chen

Pisaroni es conocido mundialmente por sus interpretaciones operísticas, especialmente de papeles mozartianos. Por lo tanto, se ponía a prueba en el escenario del teatro de la calle Jovellanos, con un género tan complejo y exigente como es la canción acompañada de piano, en un idioma en el que, si observamos su currículum (y como él mismo reconoció al público del teatro) no está tan acostumbrado a cantar. El programa, dividido en dos partes, constó de música de Franz Schubert, Ludwig van Beethoven y Feliz Mendelssohn. Se presentó junto a Maciej Pikulski, experimentado pianista tanto en el repertorio solista como en la difícil tarea de acompañante.

En el repertorio escogido encontramos textos de poetas como Heinrich Heine, Goethe, Mayrhofer, fundamentales en el desarrollo del lied, en el que la palabra cobra grandísima importancia, así como autores de no tanta importancia, como lo son Reissig, Weisse o Mathisson. Los dos músicos comenzaron cuatro lieder de Schubert, continuando con cuatro lieder de Beethoven (quizá donde más flojeaba el programa) y otros seis de Felix Mendelssohn (gran revelación de la noche). La segunda parte del concierto consistiría tan solo de música de Schubert, con uno de los ciclos de lied de mayor belleza y profundidad de la historia de la música: Schwanengesan (Canto de cisne), seguido de otros cinco lieder del compositor austriaco. Los compositores, conscientes de la gran calidad de los textos, intentan reflejar cada idea en su música. Este es el gran reto de los intérpretes: comprender el texto al igual que la música, saber otorgarle el mismo valor, y tener la capacidad de darle a cada verso, cada estrofa, un carácter distinto. Mediante melodías y acompañamientos, muchas veces de gran sencillez, pueden reflejar sentimientos de mayor profundidad. Pisaroni y Pikulski supieron enfrentarse a este gran reto, y conforme avanzó la velada, entraron más en calor y se sintieron más cómodos en el escenario. Pisaroni intentó sacar la mayor gracia a las obras de Beethoven, obras de mucha sencillez, y no tanta profundidad como las de Schubert y Mendelssohn.

El programa fue in crescendo en cuanto a intensidad y profundidad del texto y música, y tras el Schwanengesang de Schubert, Pisaroni y Pikulski concluyeron la velada con algunos de los lieder más complejos y conseguidos del compositor austriaco, como Ganymed o An Schwager Kronos. Pisaroni, a pesar de estar más acostumbrado al repertorio operístico, supo adaptarse al repertorio de lied perfectamente, sabiendo cuándo tener más presencia de volumen y cuándo el acompañamiento pianístico tiene mayor relevancia. En esos momentos, Pikulski supo tomar la iniciativa, y mostró ser un muy buen pianista con buena técnica y fraseo, otorgando a cada nota su importancia. En definitiva, una velada en la que los dos músicos consiguieron ganarse al público de la Zarzuela en su debut en el ciclo, concluyendo con dos lieder de Schubert como bises muy conocidos: La muerte y la doncella y A la música.