La Malquerida fue sin duda uno de los grandes éxitos teatrales de Jacinto Benavente. Estrenada en 1913, esta obra teatral se convirtió en un éxito en México durante la posguerra española, y hoy en día se sigue representando. Sin embargo, la adaptación al género zarzuela que realizó Manuel Penella (que además fue su última obra) ha pasado más desapercibida, y no se ha vuelto a poner en escena desde su estreno en 1935. Los Teatros del Canal han apostado, y sin duda, exitosamente, a recuperar esta potente y dramática obra en tres actos, con libreto y música del maestro Penella, basado en la obra homónima de Benavente.

<i>La Malquerida</i> en los Teatros del Canal © Jaime Villanueva
La Malquerida en los Teatros del Canal
© Jaime Villanueva

El argumento transcurre en la Hacienda de El Soto, donde Acacia (Sonia de Munck) va a casarse con Faustino. El repentino asesinato de este produce gran pena, especialmente para Raimunda (Cristina Faus), madre de Acacia. Esta contrae matrimonio con Esteban (César San Martín), rechazado inicialmente por Acacia, a quien llaman "la malquerida" en El Soto. La tensión entre estos tres personajes llega a su punto cúlmen en los últimos dos actos, con un final inesperado y dramático.

A pesar de las numerosas partes habladas de la obra, la música de Penella es de gran calidad. Está llena de melodías pegadizas, como la copla de Benita (Sandra Fernández), uno de los personajes cómicos de la obra, o la propia "Copla de la malquerida", que van cantando la gente de El Soto, y que sutilmente Penella introduce en diferentes momentos de la obra. Sin embargo, romanzas tan dramáticas como la de Norberto (Alejando del Cerro) o Raimunda son herederas de Puccini o el último Verdi en la orquestación, pero conservan el carácter español en el canto.

La escenografía, bajo la dirección de Emilio López, ambienta la trama en México. Por otra parte, se mantiene gran parte del diálogo original, sin recortes ni añadidos (sólo se ha inlcuido una romanza de barítono proveniente de otra zarzuela de Penella, porque La Malquerida no tiene romanza para esa tesitura). Esto es un gran logro, ya que hoy en día se tiende a realizar versiones más libres de las zarzuelas para la más fácil comprensión del público. El joven director ha conseguido ser fiel a la historia original, con una escenografía y vestuarios tradicionales, demostrando que no siempre es necesario realizar adaptaciones. La inclusión de un grupo de mariachis fue totalmente acertada, y no supuso cambios drásticos en el transcurrir de la obra.

Acacia (Sonia de Munck), Esteban (César San Martín) y Raimunda (Cristina Faus) © Jaime Villanueva
Acacia (Sonia de Munck), Esteban (César San Martín) y Raimunda (Cristina Faus)
© Jaime Villanueva

El reparto vocal fue de gran nivel, tanto en lo musical como en lo actoral: destacable es la labor de César San Martín, con una dicción muy conseguida y una profundidad vocal muy apropiada para su personaje, y consiguió acomodar la romanza de otra obra al contexto de esta. También destacable la participación de Cristina Faus, más en la parte de actoral que en la cantada, donde tuvo alguna dificultad en la zona grave de su papel, y perdió algo de la magnífica dicción que tenía en las partes cantadas. La soprano Sonia de Munck, a pesar de que el papel de Acacia no tiene números tan lucidos como otros personajes, eleva la calidad dramática del papel, con una dicción perfecta y una presencia vocal destacable, especialmente en la zona aguda. Los personajes cómicos, especialmente el de Rufino (Gerardo López) y Benita tuvieron algunos de los momentos más memorables de la obra. Los dos cantantes desplegaron gran comicidad tanto en las partes habladas, como en las cantadas (que, aunque pocas, fueron suficientes para observar su nivel). La dirección musical de Manuel Coves fue magistral, con la Orquesta y Coro Verum, formada por jóvenes músicos que mostraron gran profesionalidad y nivel en la interpretación. La labor del coro en cuanto a la dicción, empaste y caracterización fue también destacable.

En definitiva, bravo a los Teatros del Canal por la recuperación de esta zarzuela del maestro Penella, olvidada desde su estreno, y por una representación fidedigna de la misma. La genialidad de la trama original de Benavente conjugó a la perfección con la partitura de Penella.