Tras el éxito y buena acogida que tuvo hace tres años Le bourgeois gentilhomme, con una producción realizada por el grupo Le Poème Harmonique, los Teatros del Canal apuestan una vez más por el género de la comédie-ballet. En esta ocasión, bajo la responsabilidad del Théâtre des Bouffes du Nord, con Les Arts Florissants en la parte musical y la dirección de uno de los mayores expertos en música barroca francesa, William ChristieMonsieur de Pourceaugnac es una obra de Molière con música de Lully poco representada hoy en día, y sin duda, ha sido una revelación para el público madrileño, que recibió la propuesta con una calurosa acogida.

Escena de <i>Monsieur de Pourceaugnac</i> © Brigitte Enguerand
Escena de Monsieur de Pourceaugnac
© Brigitte Enguerand

La puesta en escena traslada esta historia del siglo XVII al ambiente parisino de la década de los cincuenta del siglo pasado. Molière trata en esta obra los temas habituales de muchas de sus creaciones (el matrimonio, la muerte y el dinero) de una manera tan universal que, aunque se traslade a una época más cercana a nosotros, no pierde el carácter crítico, humorístico, y hasta cierto punto políticamente incorrecto, como la define el propio Christie. Con algunos ajustes y pequeños detalles hechos en la trama para la actualización, la puesta en escena de Clément Hervieu-Léger goza de gran dinamismo, proporcionado también por el poco atrezo que se utilizan y los decorados sencillos, pero eficaces. Al continuo movimiento también ayudaba el hecho de que los músicos (una orquesta en versión reducida de clave, archilaúd, chelo, dos violines, dos violas, dos flautas y percusión) estuvieran en el escenario, interactuando continuamente con los actores, de esta manera creando unidad.

Al ser una comédie-ballet, contiene una gran parte de texto hablado. Las intervenciones musicales de Les Arts Florissants fueron enérgicas y con mucha gracia y estilo. Con una compenetración perfecta entre los músicos (lo único que se puede achacar es algún momento desafinado en los violines), cabe destacar la labor de Thomas Dunford al archilaúd. Este joven laudista, pero ya con mucha experiencia, demostró una gran creatividad y gusto al realizar el continuo, con buen volumen y potencia, fue el motor dinámico de la agrupación, junto a la percusión, tañida con gran energía por Marie-Ange Petit.

Los integrantes de Les Arts Florissants y William Christie © Brigitte Enguerand
Los integrantes de Les Arts Florissants y William Christie
© Brigitte Enguerand

El reparto vocal demostró una gran excelencia y refinamiento. Destacaron el contratenor o 'haute-contre', como eran conocidos en la Francia de Luis XIV, y la soprano Claire Debono, los dos con papeles exigentes vocalmente, demostraron gran facilidad para ornamentar sin perder el discurso y afecto de la música, con voces limpias y directas. Mientras tanto, el bajo Cyril Costando y el barítono-bajo Matthieu Lécroart dotaron de gran gracia y humor a sus papeles, de gran dificultad técnica también.

La parte actoral también brilló, especialmente Gilles Privat como Monsieur de Pourceaugnac, con similitudes a la figura de Jacques Tati, totalmente cómico, y con un toque de sensibilidad y sentimiento. Es posible que se echase en falta la parte de ballet, que realmente sólo aparece al final de la obra y de una forma muy pasajera. Sin embargo, la sensación global fue la de un espectáculo en el que la comedia y la música se unían para hacer honor a dos figuras de la cultura europea que supieron retratar una sociedad y un gusto que hoy siguen presentes: Molière y Lully.