La noche del 18 de noviembre, la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, de visita en Bellas Artes, nos ofreció el estreno mundial de la suite sinfónica Xpu Ha: Donde nace el agua. Aunque en el papel está atribuida a Paco de Lucía, esta obra más bien es un muy interesante ejemplo de trabajo colectivo y quizá hasta valdría decir de composición colectiva: una ofrenda orquestal en tres movimientos para el gran guitarrista, basada en temas de su autoría pero realizada por tres compositores (José Miguel Évora, Jesús Bola y Javier Losada) cuyo quehacer musical oscila entre la música clásica, la música para cine y el flamenco, convocados para concretar la idea de un productor musical muy reconocido en el pop. Y digo realizada, más que orquestada, porque el trabajo de este grupo va más allá de un arreglo o una orquestación de piezas conocidas del famoso guitarrista y compositor. La propuesta de esta obra es una recreación e interpretación del mundo sonoro de De Lucía, usando magistralmente un instrumento que no era el suyo: la orquesta, lo que implica no sólo un cambio tímbrico sino un diálogo entre géneros musicales a la vez que encuentro con un público que no era necesariamente el suyo.

La Orquesta Filarmónica Ciuadad de México
La Orquesta Filarmónica Ciuadad de México

Según relata Miguel Ángel Arenas, “Capi”, la estructura de la obra se basa en la forma de los conciertos de Paco de Lucía. El primer movimiento, Don Antonio, está dedicado al padre del guitarrista y es más armónico, atmosférico. No saltan al oído los ritmos y trazos melódicos reconocibles: más bien es un mundo de sensaciones un tanto melancólicas, quizá con cierta influencia impresionista, en el que de repente sobresalen melodías de aire flamenco que luego vuelven a diluirse en ese ambiente.

El Segundo movimiento, llamado simplemente así, está dedicado a la madre. Según refiere el mismo Capi, ahí se oyen las primeras bulerías de De Lucía y unas seguidillas muy complejas. En este movimiento aparecen como una base rítmica casi permanente las palmas, las castañuelas y el cajón (un instrumento que actualmente asociamos con la música flamenca y sin el que ya es difícil concebirlo, pero que en realidad es una aportación al género que hizo el propio Paco de Lucía). Aunque son claramente reconocibles los temas del guitarrista, en este movimiento se siente cierto parentesco con música del repertorio orquestal que mira hacia lo español. Más o menos a la mitad del movimiento hay un fuerte cambio de carácter donde la atención se centra en el chelo solista. De este interesante momento hay una clave narrativa: el chelo canta una nana en la que Camarón baja del cielo para consolar a su amigo por la muerte de la madre. Ahí aparecen melodías que de Lucía compuso para el famoso cantaor.

El tercer movimiento, curiosamente llamado Obertura, “es el mundo, el artista global cuya música tiene connotación de gran espectáculo”, dice de nuevo Capi, quien concibió la idea de esta obra. Y es verdad que si hablamos del mundo musical de Paco de Lucía es necesario hacer hincapié no sólo en los puentes musicales que tendió con otros géneros sino con el fenómeno de popularización del flamenco y con todas las modificaciones que experimentó en el camino. Y para mostrarlo hay en este movimiento armonías cercanas al jazz, una orquestación a veces propia de la música de cine y un final con sabor latino, y cómo no, si la obra cierra “por rumba”, un híbrido cubano-flamenco, un “cante de ida y vuelta” que refleja el encuentro de culturas propio del flamenco y que además de ser uno de los palos (variedades) favoritos del compositor, fue muy importante tanto en sus propuestas innovadoras como en su éxito internacional.

Siguiendo este esquema, con una orquesta completísima que incluyó un extenso conjunto de maderas, dos arpas, cuatro grupos de percusiones más cajón y palmas, la Filarmónica de la Ciudad de México, bajo la certera dirección del joven director invitado, Rodrigo Sierra Moncayo, nos ofreció una muy emocionante primera audición de esta obra y nos transportó al mundo de agua de Paco de Lucía. El público, que llenó el Palacio de Bellas Artes para presenciar este estreno y participar en el homenaje al músico que tantos años vivió en México, precisamente en Xpu Ha (en la Riviera Maya), manifestó su beneplácito al final de cada movimiento y una gran ovación al final de la obra. Después de este primer acercamiento a Xpu Ha quedan ganas de volver a escucharla y de regresar a las grabaciones de Paco de Lucía.

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