El domingo 29 de noviembre (única fecha), la Orquesta Sinfónica Nacional nos ofreció un emocionante programa de la Academia de Artes. Como feliz consecuencia tuvimos un concierto completo de música mexicana contemporánea sin la necesidad del pretexto anual de las fiestas patrias. Las cuatro obras seleccionadas fueron compuestas por miembros de la Academia: Eugenio Toussaint (1954-2011), Gabriela Ortiz, Blas Galindo (1910-1993) y Federico Ibarra. El director invitado, Juan Carlos Lomónaco, colaborador frecuente de la institución (ha grabado buena parte de los discos de los conciertos sinfónicos de la Academia de Artes), es conocido por su compromiso con la música mexicana.

El director de orquesta Juan Carlo Lomónaco
El director de orquesta Juan Carlo Lomónaco
El concierto se inició con Calaveras (1995) de Toussaint (ese músico que recordamos más por su importante actividad jazzística pero que se encontraba a gusto y bien en la música académica y transitaba de un lado a otro con toda naturalidad). Un "ballet imaginario en un acto", en el que las calaveras del título, representadas por el xilófono, parecen bailar con distintos grados de intensidad hasta que el tiempo se agota (la fiesta de las calaveras inicia con las campanadas de la medianoche y termina con las campanadas que anuncian el amanecer).

A esta danza de esqueletos le siguió la protagonista de la tarde, el estreno mundial de la obra con que Gabriela Ortiz ingresaba a la Academia de Artes: Altar de viento para flauta y orquesta, con Alejandro Escuer como solista. El "altar" arranca con un solo de flauta que a través del sonido moldea el aire. A esta introducción eólica se suma una orquesta formada por cuerdas, arpa, un par de clarinetes, metales, timbales y, como es ya característico de la música de Ortiz, un nutrido grupo de percusiones que nos guían a través de cuatro movimientos con sugerentes títulos: luz eólica, geometría en el aire, viento nocturno y tornado. Según explica la autora, el primero y el tercer movimientos están inspirados en haikus de Matsuo Basho, mientras que los otros dos movimientos parten de ideas musicales concretas. Por ejemplo (esto dicho desde una primera escucha) en el segundo movimiento parece percibirse un patrón rítmico que va transitando la orquesta formando diferentes figuras evanescentes. Cruzando los cuatro movimientos el viento, protagonista de la obra, tomó formas diversas a través de un amplio repertorio de técnicas extendidas (slaps, air sounds, frulatto, armónicos...), consiguiendo una rica variedad tímbrica y efectos sonoros, siempre presentados más en función de la columna de aire que del sonido característico de la flauta y con una variedad de matices en los que quedó demostrada no sólo la calidad del flautista, sino el diálogo creativo entre el intérprete y la compositora. En fin, una obra que esperamos se grabe pronto para poder indagar en los detalles.

La compositora Gabriela Oritz
La compositora Gabriela Oritz

Como encore, Escuer nos ofreció Kaze (viento en japonés) una obra propia, también eólica y también construida a partir de una amplio catálogo de técnicas extendidas, en la que mostró un gran dominio de su instrumento que, a decir de él mismo, no es la flauta, sino el viento.

En la segunda parte del concierto la Sinfónica Nacional nos ofreció Sinfonía breve (1952) de Blas Galindo, obra en tres movimientos para orquesta de cuerdas que no resultó particularmente memorable, y puede que un poco anticlimática, por estar enmarcada entre obras de mucho más ricas orquestaciones. Y para finalizar con ánimo elevado, oímos la Tercera sinfonía (2001) de Ibarra, una obra emocionante con reminiscencias de música cinematográfica (aunque su origen es música teatral que él mismo compuso para La vida es sueño), en la que el autor muestra su dominio de la orquestación.

Y así llegó el final de un afortunado concierto en el que pudimos oír no sólo música contemporánea (oportunidad infrecuente), sino además un estreno con una orquesta que sonó muy bien de principio a fin, con una dirección impecable y un muy buen solista. Un domingo musicalmente estimulante.

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