En su quinto concierto de la temporada, la Orquesta Sinfónica de Navarra se presentó al público del Baluarte con un programa tan desafiante como gratificante: el programa proponía dos obras actuales de cierta complejidad y un alegre paseo por la zarzuela de comienzos del siglo XX. Bajo la batuta de José Ramón Encinar, la OSN contó además con el violonchelista Asier Polo.

La Orquesta Sinfónica de Navarra
La Orquesta Sinfónica de Navarra

El concierto empezaba con la ejecución de Fragmentos del Satiricón de Buide el Real, obra galardonada en 2013 por la Fundación BBVA y la AEOS. Como dijo en su momento el autor, "lo que no se interpreta, no llega y no gusta". En una primera audición, los Fragmentos puede parecer unas secuencias no armónicas de sonidos producidos por diferentes instrumentos. Sin embargo, una escucha exhaustiva nos permite llegar a sus entrañas y descubrir la fuerza imaginativa que su estructura puede generar. Un reto que la OSN y Encinar lograron gracias a una ejecución y dirección precisas, atentas en todo momento a respetar las entradas de los instrumentos solistas y a crear los efectos sonoros adecuados. La concentración de todos los músicos fue evidente durante los doce, pero intensos, minutos de duración de la pieza.

La entrada en escena de Asier Polo representó un breve descanso en el programa de la velada. El violonchelista bilbaíno se esmeró con el Concierto in modo galante, de Joaquín Rodrigo, su actuación despertó el recuerdo de Aranjuez, pero en clave pop-art. La forma de reflejarse la luz en el violonchelo de Polo (dibujando con una línea blanca sus contornos), la propia expresividad del solista (que pareció identificarse con la época de Boccherini) así como la forma que Rodrigo adoptó para "recrear" el estilo barroco, conferían a las imágenes de los sitios reales el estilo que Andy Warhol utilizó para retratar a Marilyn Monroe. La ejecución fue bulliciosa y limpia, cosquillosa y suave. Hubo muy buena sintonía con la orquesta, que supo dialogar de manera divertida y relajada con el solista y contribuir de esa manera, ella también, a trazar aquel cuadro. Al programa oficial, Polo añadía un movimiento de la Suite para violonchelo de Gaspar Cassadó interpretándolo con la misma precisión e identificación que la pieza anterior. La cercanía que Polo supo demostrar al público fue bien recibida y agradecida.

En la segunda parte, la OSN volvía a enfrentarse a una composición reciente: la que Marco creó en 1985 inspirada en los poemas Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de Lorca. Se interpretaron los fragmentos correspondientes a "La cogida y la muerte" y al "Alma ausente". La lectura de los correspondientes textos del poeta granadino resultaba ser más que suficiente para, por ejemplo, relacionar el martillador estribillo "a las cinco de la tarde" del primer poema con el repiquetear de los xilófonos. Encinar y la OSN estuestuvieron a la altura de la partitura, interpretándola con extremo rigor –técnico y emotivo– y una muy buena sonoridad.

Para quitar hierro a este programa complejo –como una propina para sí misma– la OSN terminó la velada con un tríptico de fragmentos de zarzuelas que comprendió el preludio a La revoltosa y los intermedios de La leyenda del beso y de La boda de Luis Alonso. Para los músicos y el director había llegado el momento de la relajación después de un esfuerzo, disfrutando visiblemente de la ejecución de estas partituras del repertorio español. Unas melodías, más familiares y tocadas con brillo, brío, pasión y alegría, se expandieron por el auditorio haciendo que el público agradeciera el haber asistido a un concierto complejo pero aleccionador.

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