Después de una larga espera, Ópera de Tenerife ha podido representar Lucrezia Borgia, una de las grandes óperas de Gaetano Donizetti, llena de inspiración melódica, calidad dramática y un maravilloso entendimiento entre las voces. Inicialmente programada para marzo de 2020, y cancelada por la pandemia del coronavirus, ha subido al escenario en noviembre, acompañada de todas las medidas de seguridad sanitarias necesarias en estos momentos.

La soprano Yolanda Auyanet y el bajo Simone Alberghini
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

Aunque en las óperas belcantistas destaca la música, y sobre todo los cantantes, no deja de tener su importancia la puesta en escena, que ha alcanzado un protagonismo indiscutible en las últimas décadas. Precisamente, uno de los aspectos más llamativos de esta producción fue la labor de la directora de escena Silvia Paoli, quien trasladó la acción de la Italia renacentista a la época del Fascismo. En la visión de Paoli, toda la trama del libreto de Felice Romani se desarrolla en un matadero, en el que se van mostrando diversos decorados que destacan los aspectos más turbios, macabros y sangrientos de la historia. Además, se muestran, desde una visión feminista, otros aspectos como la denigración de las mujeres, que aparecen como prostitutas, esclavas dentro de jaulas, etc. Paoli, apoyada en un gran equipo de escenografía, vestuario y luces, consiguió introducirnos con éxito en un escenario casi freudiano.

Escena de Lucrezia Borgia en el Auditorio de Tenerife
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

La dirección orquestal corrió a cargo del director Andriy Yurkevych, experto en estas lides, y que llevó con acierto a la Orquesta Sinfónica de Tenerife, haciendo que esta sonara flexible, cohesionada e incluso camerística. Sus tempi fueron relativamente moderados y nunca asfixiaron a los cantantes, que sonaron cómodos bajo su dirección. Su énfasis principal no fue mostrar el lado más espectacular de la escritura orquestal, sino que se centró en la trama y la caracterización de los personajes, lo cual fue un acierto, en general, aunque en algunos momentos se echara de menos algo más de espectacularidad y brillantez (que es también inherente al belcantismo). En todo caso, hubo una labor de gran calidad. El coro de la Ópera de Tenerife, dirigido por Carmen Cruz, hizo una labor encomiable; tratándose esta vez de una formación exclusivamente masculina que cantó con las mascarillas puestas, lo cual no restó calidad a sus intervenciones. Destacable fue también la coreografía de Sandhya Nagajara.

En primer plano, Antonino Siragusa y Yolanda Auyanet
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

Pero en una ópera belcantista, una gran parte del éxito va a depender de los cantantes, especialmente de los roles principales. En conjunto, la calidad fue de muy alto nivel. Yolanda Auyanet triunfó en el rol principal, gracias a belleza de voz, su capacidad técnica y sus excelentes dotes interpretativas, que mantuvo desde sus primeras intervenciones, por ejemplo: "Com’è bello!", hasta el dificilísimo final del segundo acto. Su reflejo del personaje coincide con la de Yurkevych, presentando a una Lucrezia otoñal, muy expresiva, centrada en la musicalidad más que en los fuegos artificiales de coloratura (que tampoco faltaron). Su interpretacion fue muy convincente y emotiva. El tenor Antonino Siragusa estuvo magnífico como actor en su rol de Gennaro, y en cuanto a lo vocal, fue de menos a más. Comenzó su actuación con una voz potente, pero con maneras algo forzadas y un fraseo poco fino. Posteriormente mejoró mucho, llegando a mostrarnos momentos muy logrados, como toda la escena final con Lucrezia, que fue extraordinaria. La mezzo Na’ama Goldman fue también de menos a más en su interpretación de Maffio Orsini. Comenzó con cierta falta de proyección, pero posteriormente consiguió meterse en todos los recovecos del personaje. Muy lograda estuvo su rendición de la canción del vino, "Il segreto per esser felici". 

Yolanda Auyanet
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

El bajo Simone Alberghini hizo una lectura densa y oscura de Don Alfonso d’Este, destacando especialmente en el aria "Vieni: la mia vendetta è mediatata e pronta". Así pues, muy satisfactoria la actuación de los cuatros personajes principales. En cuanto a los papeles secundarios, también estuvieron extraordinarios, con algunos nombres ya conocidos en Ópera de Tenerife. Hay que destacar la excelente actuación de los jóvenes canarios Borja Molina y Mario Méndez en los papeles de Gubetta y Rustighello, respectivamente. En el primer caso, llamó la atención la profundidad de la voz y la actuación. En el caso de Méndez, su caracterización sarcástica del personaje.

En resumen, fue una producción de Lucrezia Borgia disfrutable y de muy alto nivel, que en breve se presentará en diversas ciudades de Italia y España.

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