El Santa Catalina Classics ha comenzado su segunda edición con la presencia de una de las estrellas operísticas más reconocidas en la actualidad: el tenor peruano Juan Diego Flórez, que actuó junto al director estadounidense Cristopher Franklin y la Oviedo Filarmonía. Este festival veraniego se celebra en las instalaciones del suntuoso Hotel Santa Catalina, de Las Palmas de Gran Canaria. Para este concierto al aire libre, los preciosos jardines del hotel fueron acondicionados con un escenario, dos pantallas grandes y el uso de una amplificación sonora lograda y natural.

Recital de Juan Diego Flórez en los jardines del Hotel Santa Catalina
© Santa Catalina Classics

En esta velada, en la que se mostró en gran forma, Juan Diego Flórez presentó un programa variado con obras conocidas, que mostraron claramente las cualidades que le han encumbrado a lo más alto durante las últimas décadas, especialmente en el repertorio belcantista, donde es considerado una referencia absoluta. Flórez desplegó una voz bellísima de tenor lírico-ligero que captó la atención desde el primer momento; a esto se añadió un fraseo exquisito, un dominio técnico asombroso, una elegancia extrema y una atención a la dicción que permitía entender los textos: disfrutó y saboreó las palabras de manera especial. Por otro lado, no había superficialidad, sino que Flórez supo integrar todos los elementos de sus muchas posibilidades dentro de un pensamiento musical inteligente y variado. Pero al mismo tiempo, y cuando las obras lo requerían, mostró un virtuosismo y unos agudos magistrales y sorprendentes, de una facilidad pasmosa. Todo lo anteriormente expuesto quedó demostrado desde las dos primeras arias del programa: las rossinianas “Deh, tu m’assisti amore” y “Principe più non sei…Sì, ritrovarla io giuro”. Añadiríamos también la capacidad para reflejar las diferencias de carácter entre ellas; desde el dominio del fraseo, la naturalidad y ternura de la primera –con excelentes florituras–, a la energía, control del ritmo, dominio de la respiración y la retórica, de la segunda. Las arias de Donizzeti y Verdi que completaron la primera parte del programa, no hicieron sino reafirmar todas estas características.

Juan Diego Flórez, Christopher Franklin y la Oviedo Filarmonía
© Santa Catalina Classics

La segunda parte se ocupó con repertorio español y francés principalmente. Florez estuvo fantástico en el repertorio francés, mostrando perfectamente el contraste entre las dos arias presentadas. Con inteligencia y variedad expresiva, consiguió versiones muy interesantes, también en obras que, en principio, no se asocian a sus características vocales. Pudimos apreciar como su voz se ensacha y adquiere una visceralidad especial, esto fue palpable en el repertorio español; también en Puccini, tanto en “Che gelida manina” como, sorprendentemente, en “Nessun dorma”. Esta última, canónicamente muy alejada de sus características vocales, se escuchó brillantemente fraseada y sentida, llena de fuerza y agudos impresionantes. Otro aspecto a tener en cuenta es su familiaridad con la música popular. Acompañándose él mismo con una guitarra, nos deleitó con varias canciones de regalo entre las que se encontraban Guantanamera, La flor de la canela, y el pasodoble Islas Canarias, detalle que hizo las delicias del público. En fin, Flórez mostró un cúmulo de virtudes que serán difíciles de olvidar.

El director Cristopher Franklin, al que ya conocíamos por su espléndida dirección orquestal en Attila de Verdi, volvió a mostrar su categoría, tanto en su excelente labor al lado del tenor como en las oberturas e intermezzi orquestales, estupendamente interpretados. Mostró gran cuidado del sonido y un sentido del drama y el ritmo, junto a la Oviedo Filarmonía. La orquesta asturiana se mostró como un conjunto de gran nivel en todos los aspectos, tanto en los tutti como en varios solos de gran calidad.

En resumen, una de las grandes estrellas operísticas confirmó su altura estratosférica, teniendo a su lado a un director de gran nivel junto a una orquesta que deja un muy grato recuerdo. Todo en un ambiente agradable y dentro de un marco idílico.

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