Para su séptimo concierto de la presente temporada, la Orquesta Sinfónica de Navarra subió al escenario junto al Orfeón Pamplonés presentando una selección de obras regionales y de la cultura popular.

El Orfeón Pamplonés © Iñaki Zaldúa
El Orfeón Pamplonés
© Iñaki Zaldúa

La velada empezaba con la Marcha fúnebre de Luigi Cherubini, que la OSN interpretó con toda solemnidad, pero también con una sonoridad y un ritmo que permitió disociar la composición del acto de despedida para el que fue compuesto y, de esa forma, apreciarla como pieza en sí misma. Acto seguido, el Orfeón Pamplonés –integrado para la ocasión también por algunos componentes de su coro juvenil– se levantaba para cantar tres canciones de la tradición regional gallega y vasca. Empezando por Sombra negra de Juan Montés, el Orfeón y la OSN mecieron al público llevando el sentimentalismo hacia altas cumbres cuando coro y orquesta coincidieron en un crescendo muy logrado. A continuación, los músicos y los cantantes proponían el Aita gurea de Francisco de Madina haciendo que en la sala se expandiera cierta aura sagrada, propia de las composiciones vascas, que culminaría con la interpretación de Gernika (marcha fúnebre) de Pablo Sorozábal. La simbología que se esconde detrás del nombre Guernica se hizo de inmediato palpable, contribuyendo a que la letra del texto vibrara con especial emoción en la sala.

Die erste Walpugisnacht, de Mendelssohn ocupaba la segunda parte de la velada. Coro y orquesta estuvieron acompañados por los solistas Marta Infante, David Alegret y Sebastián Peris. Tras la breve obertura, que la OSN interpretó con el brillo y la sonoridad que la suele caracterizar, Alegret daba inicio a la parte cantada dando paso primero al Orfeón Pamplonés y luego a la mezzosoprano Marta Infante. A pesar del escaso protagonismo que la partitura le ofrecía, su actuación fue excelente. Dotada de una voz cálida y de una técnica capaz de incrementar el efecto sonoro de su voz, la breve actuación de Infante dejó un buen sabor de boca, además de dar elegantemente paso al gran protagonista de esta segunda parte, el barítono Peris. El punto de mayor intensidad alcanzado por todos los músicos fue, sin lugar a duda, el diálogo entre el centinela y el coro durante el cual el estribillo "Kommt! Mit Zacken und Gabeln" resonó en la sala de manera clara, precisa y ritmada, y llevó la actuación hacia su clímax.

En su conjunto, el concierto fue correcto y con momentos de alta intensidad emotiva. La actuación de la OSN y del Orfeón Pamplonés no decepcionó, dando una vez más muestra de su profesionalidad. De manera especial, el Orfeón supo gestionar a la perfección los pianos y los fuertes, así como una sonoridad que le permitió hacerse oír muy bien cuando la orquesta intervenía a completo. La dirección fue impecable: tanto la visible, de Victor Pablo Pérez, como la invisible de Igor Ijurra y Juan Gainza.