Siempre resulta agradecido asistir a un nuevo concierto de las hermanas Labèque. No se trata únicamente de aquella curiosidad despertada por la fama y el carácter consagrado de los mitos -la trayectoria de Katia y Marielle Labèque se extiende por más de 40 años, involucrando a las mejores orquestas, auditorios y conductores-, sino también de la promesa que sus proyectos ofrecen al oyente de una experiencia original y excitante. En este sentido, uno de los mayores logros perpetrado por las pianistas francesas radica en reformular la función habitual de su instrumento en el escenario de la práctica artística romántica. Y tal actualización, naturalmente, no acontece solo desde el apartado concerniente a sus dotes interpretativas, sino también merced a la lectura de partituras como las de Philip Glass. 

Prueba de ello es el programa que nos ocupa, nutriéndose de dos estrenos en España, The Chase -2 pianos- y Stoke's Duet -2 pianos-, además de otros tres celebrados trabajos del autor estadounidense: The Poets Acts, Etude No. 5 y 4 movimientos para dos pianos. Sin renunciar a la idiosincrasia de cada pieza, puede hallarse un denominador común a través de sus pentagramas: la desactivación del protagonismo funcional -ya sea melódico, armónico, rítmico, tímbrico, etc.- mediante una pugna no resuelta. El piano, que desde el siglo XIX había sido asumido como un medio privilegiado para expresar las emociones y las exigencias del sujeto lírico, y su concierto, que se presentaba como el vehículo idóneo para las heroicidades de dicha expresión individual, son trastocados ahora por la duplicación y la disolución de las jerarquías.

Las hermanas Marielle y Katia Labèque en el escenario del Palacio de Festivales © Pedro Puente Hoyos | Festival Internacional de Santander
Las hermanas Marielle y Katia Labèque en el escenario del Palacio de Festivales
© Pedro Puente Hoyos | Festival Internacional de Santander

Las hermanas Labèque revelaron todos estos aspectos en una representación a 4 manos que no se detuvo en la mera afirmación de las notas, sino que, antes bien, articuló matices, tensiones de dirección y pulsos siempre orgánicos desde la sincronía de ambos teclados. Destacó especialmente el rol de la subdivisión, que en Glass actúa a la manera de principio equipolente  con relación a modulaciones y motivos, desempeñando un rol igualmente importante el compás de amalgama y el privilegio del pulso débil en el tándem arsis-tesis. Si a esta enumeración de factores sumamos la límpida técnica de la que hicieron gala las solistas de Bayona -sin renunciar a un derroche de pasión, patente tanto en el sonido producido como en su gestualidad-, el resultado es manifiesto: un ejercicio sobresaliente.

En la segunda parte, coincidiendo con la efeméride de Leonard Bernstein, se brindó la versión para 2 pianos y percusión de West Side Story, en arreglo de uno de los orquestadores iniciales de la pieza, Irwin Kostal, y escrito ex profeso para las hermanas Labèque. La conocida página bernsteiniana reúne la cualidad de haberse sacudido la crítica que con más celo se ha proyectado sobre la interpretación academicista e historicista: el jaez periclitado que aquejaba su repertorio. Cabe a este respecto traer a colación una cita de Fredric Jameson, acuñada 14 años después de la creación del musical de Bernstein y recogida en su ensayo Adorno o los tropos históricos (1971): «En la medida en que la música occidental no es natural sino histórica, en la medida en que su desarrollo depende tan intensamente de la historia y del desarrollo de nuestra cultura, también es mortal, y lleva en ella como una actividad genuina el morir, el desvanecerse cuando ya ha cumplido su propósito y cuando esa necesidad social a la que en otro tiempo respondía ha dejado de existir.»

Pues bien, el compositor y director de orquesta americano supo fintar los peligros de tal perecimiento, valiéndose de elementos contemporáneos como el jazz o la problemática social y racial que a la sazón vivía el ghetto del Upper West Side neoyorquino. Y este mismo espíritu latió en la exégesis de las avezadas hermanas y los igualmente encomiables percusionistas Raphaël Séguinier y Gonzalo Grau, que remarcaron la naturaleza fluida de los múltiples temas populares convocados en el discurso. La compenetración de los cuatro músicos propició que el desarrollo de los leitmotivs se entendiese como un polo autónomo en la dialéctica de la tradición musical, liberando las posibilidades inherentes a la materia prima contenida en esta versión para pianos y percusión.

En definitiva, pudimos apreciar todas las virtudes que ya acompañan como señas de identidad al apellido Labèque: haber contado con su talento es, sin duda, otro acierto en la presente edición del Festival Internacional de Santander. 

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