Todo en la noche del jueves fue celebración y, en efecto, el entusiasmo del público se palpaba en el ambiente ante la inauguración de la nueva temporada de la Real Filharmonía de Galicia, que este año celebra su 20º aniversario. Con este motivo la orquesta quiso brindar con sus mejores galas un abrazo de bienvenida al notorio y no podría ser de otra manera que con un estreno absoluto: la Overture (para una ópera inacabada) de Eduardo Soutullo.

El director Paul Daniel al frente de la RFG © Real Filharmonía de Galicia
El director Paul Daniel al frente de la RFG
© Real Filharmonía de Galicia

Así abrió el concierto: el compositor vuelve sus miras a sus raíces gallegas más profundas para la creación de esta obra. Un golpe de bombo llama la atención y nos traslada a un universo misterioso, reflejando la parte tenebrosa y mágica de las leyendas gallegas con la representación sonora de la Santa Compaña como motivo conductor de la ópera. Es precisamente este móvil lo que hace que la música cale rápidamente en nuestro espíritu a través de sus melodías siempre dominantes, las cuales se cimientan en el uso de escalas modales y precisiones rítmicas en la línea de su admirado Olivier Messiaen.

Este mismo clima lúgubre sirve para situarse ante La tragedia de Salomé de Florent Schmitt, su obra maestra. El propio Igor Stravinsky, a quien está dedicada la partitura, admirado por ella la describió como "una de las mayores obras maestras de la música moderna". Su magnífica orquestación fue perfectamente percibida y transmitida por Paul Daniel. La libertad de movimiento que genera el hecho de no utilizar tarima, se traduce en el perfecto control de su instrumento: la orquesta.

La obra le sirvió para demostrar el dominio absoluto que posee en la elección de los tempi y de las dinámicas, que recalcó efusivamente, en ocasiones en exceso, momentos en que el auditorio se veía enmudecido. En su segunda parte, la obra emana como una explosión ardiente, precisamente fue donde sobresalió la oboísta principal, que aparecía constantemente con impecable articulación y lirismo maravilloso que atrapaba y encandilaba al oyente, como si fuera el canto propio de la mismísima Salomé. El final atronador de la obra hizo estremecer al público.

La segunda parte del concierto fue estructurado de igual manera, comenzó con la breve obra Saturnal (meditación melancólica para orquesta) del compositor gallego Manuel Balboa. También autor de música para cine, posee gran destreza y técnica para situarnos en un ambiente sonoro con un cargado carácter sugestivo y evocador. En este sentido, la austeridad en cuanto a la textura y colorido tímbrico acompañaba a la meditación y nos mantuvo en un ambiente sonoro cosmológico y melancólico -como indica su subtítulo-.

Terminó el concierto girando por completo el ambiente sonoro, bajando a lo terrenal, a lo campestre y bucólico de Jean Sibelius. El mismo compositor afirmaba que sus obras eran la representación de la naturaleza, y su Sinfonía núm. 5 es el máximo retrato de esta afirmación. La orquesta estuvo magistral, concretamente la sección de cuerda demostró un admirable trabajo de sustentación de la tensión. Los vientos por su parte, aprovecharon al máximo el protagonismo que les brinda la partitura. El tercer movimiento fue la cumbre de la velada, orquesta y director se entregaron el uno al otro para regocijo del público. Destacaron las trompas, que proporcionaron un pacífico aliento y nos trasladaron una melodía de una belleza exasperante, momento climático que conduce al final de la obra.

La orquesta quiso premiar con su característica ovación al director, que tuvo un destacado protagonismo, por ser conocedor a la perfección de este repertorio. La Real Filharmonía de Galicia vive un momento glorioso y fecundo; fuimos testigos de ello en este concierto que abría la temporada, que auguro será concurrida y exitosa.

****1