Todo en esta puesta es un juego de enredos: la conocemos como Viva la mamma, pero en realidad se llama Le convenienze ed inconvenienze teatrali (así le puso el autor en su segunda versión); el libreto se dice que es de Domenico Gilardoni pero hay fuentes que afirman que es del propio Donizetti; la mamma protagonista es una señora que es un señor vestido de señora, y esta farsa es una representación que es el ensayo de una representación.

<i>Viva la mamma</i> en el Teatro Bellas Artes © Arturo López Ramírez
Viva la mamma en el Teatro Bellas Artes
© Arturo López Ramírez

Así de enredada empieza la función, con la orquesta en el escenario y unas cuantas sillas como única escenografía. En este caso no fue la falta de presupuesto, sino un acierto que da la impresión exacta de ser una pequeña compañía de ópera en un ensayo al que el único que llega puntual es el tenor alemán, y en el que poco a poco va apareciendo la compañía ficticia, que también es la compañía real: un joven elenco solvente, bien equilibrado y con muy buenas voces, que entre sus elementos tuvo a miembros del Estudio de Ópera de Bellas Artes. Destacaron Carlos López como Procolo, Jorge Eleazar como Biscroma y Rosa Muñoz en el breve papel de Pipetta. A ella y a Rodrigo Urrutia, en su fugaz aparición como jefe del foro, quedaban ganas de oírlos por más tiempo.

La ágil y a ratos sorpresiva puesta en escena funcionó bien en general. La orquesta fuera del foso no sólo sirvió para dar este ambiente de ensayo, sino que se aprovechó la presencia del director para bajarlo del podio e incorporarlo al elenco. Se usaron también los pasillos de butacas como extensión del escenario y los cantantes se movían a ratos entre el público, recursos bien conocidos pero que aquí fueron empleados en la justa medida.

Arturo Mora en el papel de Donna Agata © Arturo López Ramírez
Arturo Mora en el papel de Donna Agata
© Arturo López Ramírez

Si bien en la parte escénica no hay mucho que objetar, el delicado y controvertido  tema de la actuación cómica y el coreografiado movimiento corporal tuvo sus vicisitudes… y aquí entra Donna Agata, una mamma de la que se optó por enfatizar atributos supuestamente femeninos y actitudes dizque seductoras francamente zafias. Es más, hacer hincapié en ese tipo de comicidad tuvo consecuencias en lo vocal: en la cavatina, por ejemplo, las exigencias coreográficas, con ademanes excesivos y no del mejor gusto, hicieron que el cantante estuviera más atento a la coreografía que a la emisión de la voz, y eso se notó (aunque cabe señalar que buena parte del público estaba encantado). El personaje es ya de suyo cómico: por lo absurdo de la situación, por su reto vocal (los cambios de registro, la imitación de la voz femenina, los grandes saltos, los desfiguros y fallos intencionados). La comicidad es esencial al personaje. No hacía falta subrayarlo con coreografías o situaciones que sólo distraen de lo vocal y provocan en el público carcajadas que le tapan la voz. Al final queda la sensación de que no pudimos oír a Armando Mora; eso fue una pena.

En el segundo acto, el enredado ensayo general de la ópera dentro de la ópera (con una austera pero llamativa escenografía de madera sin barnizar) permitió disfrutar las voces de Lorena Flores, la prima donna; Orlando Pineda, el tenor, y la sorpresiva y gozosa interpretación de Adriana Valdés (Luigia).

© Arturo López Ramírez
© Arturo López Ramírez
El director de escena, Antonio Castro, declaró en una entrevista que estaban apostando por acercar la ópera a nuevos públicos, y al parecer algo se consiguió, pues en esta última función había personas que no acostumbran a pasar sus tardes de domingo en la ópera (cuando la hay, que no es tan a menudo). Entre otros aciertos, Castro recurrió a una libre traducción del texto que incorporaba divertidos localismos, como la mención del metrobús capitalino o la inclusión de cantantes mexicanas entre los "vivas" de la mamma.

La duda que queda es si era necesario apostar por las carcajadas en lugar de por la comicidad propia de la obra: la delgada línea entre lo cómico y el chiste fácil…

Hay gustos para todo, y lo cierto es que la gente salió muy contenta y divertida a terminar su domingo y volver a la perturbada realidad. Eso es algo que siempre se agradece.