Asistir a una noche con el Nederlands Dans Theater es ascender al cielo, es tocar la cúspide. La selección exquisita de su repertorio junto a la extraordinaria calidad de sus bailarines hacen del binomio una de las agrupaciones danzarías mejores del mundo. Sin embargo, hasta el Sol tiene manchas y no por ello abandona su condición de astro rey. El NDT nos trae al Teatro Real de Madrid un programa de dos actos cuyo hilo conductor es el amor, la relación entre dos, tres y más. Pero justamente esperábamos más y vayamos por partes.

Imagen del ballet <i>Schmetterling</i> © Rahi Rezvani
Imagen del ballet Schmetterling
© Rahi Rezvani
Con música de Beethoven el telón sube para dejarnos ver Sehnsucht, una creación de Sol León y Paul Lightfoot que derrocha técnica escenográfica para crear un espacio íntimo en la inmensidad del escenario del Real. Ella de por aquí y él de más allá se juntan para un viaje en busca de la sincronía. Pero es la noche del estreno y no conectan, la enormidad de Beethoven no tiene contrapeso en la expresión corporal, perfecta, pero vacía como una estatua griega. Por momentos un destello en forma de frase coreográfica nos deslumbra, mas se queda en minuto que no progresa. Hay materia, hay recursos, por haber, hay de todo, pero el crisol no brilla, la reacción no se completa, me deja frío. Entonces viene el descanso, la reflexión sobre lo que se ha visto. La pregunta que se vuelve esperanza. Mientras tanto, el escenario no se vacía, algún bailarín guarda el reino, y esto nos motiva la espera. El público, algo desconcertado, entra y sale, aplaude y comenta, espera y respira. Como segundo en la cena se nos ofrece Schmetterling y el cambio es radical… antes se explotaba la intimidad y ahora se exterioriza el sentimiento.

Imagen del balet <i>Schmetterling</i> © Rahi Rezvani
Imagen del balet Schmetterling
© Rahi Rezvani
La música también difiere, los acordes indies inundan el espacio y los bailarines se sienten cómodos entre estas notas. Hay mayor conexión y hasta Pina Bausch tuvo su gran homenaje en la escena. La coreografía funciona y parece existir mayor concordancia entre León y Lightfoot, entre la calidez cordobesa y la sobriedad británica. El despliegue de frases coreográficas se hace continuo, la temperatura se eleva, el crisol se llena de detalles, la compañía se luce. No obstante, la explotación no es plena, el NDT da para mucho más. Las formaciones corales no estuvieron a la altura y la sincronía se ausentó más de una vez. La noche no quedará en la memoria de quien escribe, otras veces no se han borrado aún. Sé que luego vinieron funciones que fueron sublimes, pero en el estreno definitivamente olvidaron el postre.

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