El Ballet Nacional de Cuba se despide de la escena madrileña con otro clásico: Don Quijote. Esta coreografía, versionada por Alicia Alonso sobre la original de Petipa, narra los vericuetos de una pareja de enamorados para llevar a buen puerto su amor. En su camino a la felicidad cuentan con la ayuda del conocido hacedor del bien que Miguel de Cervantes popularizó en su emblemática y homónima novela. Aún pasados tantos años y luego de cientos de Quijotes en la retina, sigo sin entender la relación entre el título, la novela y el ballet, pero esto seguirá siendo enigma de otros artículos.

Anette Delgado en <i>Don Quijote</i> © Jacques Moatti
Anette Delgado en Don Quijote
© Jacques Moatti

Para la ocasión, el BNC escogió con gran atino a la primera bailarina Anette Delgado para interpretar a Kitri, mientras que Basilio cayó sobre los hombros de Dani Hernández. Lo primero a destacar fue la gran compenetración de los protagonistas que más que bailar, parecían gozar de todo lo que ocurría en escena. Cual adolecentes enamorados, los guiños se sucedían en cada frase coreográfica haciendo mucho más disfrutable la danza. Mientras tanto, su sincronía rayaba en lo matemático. Delgado, segura, mostró un dominio técnico de altura en cada pirouette y, sin dejarse arrastrar por la demostración excesiva de sus cualidades físicas, logró arrancar aplausos y vítores con sus balances contenidos y a tempo. Por su parte, Hernández, una vez más exhibió su pose galante y cualidades de partenaire. Sin embargo, algo más de trabajo, en cuanto técnica, debe recorrer este bailarín que apunta hacia lo alto.

Dani Hernández en el ballet <i>Don Quijote</i> © Jacques Moatti
Dani Hernández en el ballet Don Quijote
© Jacques Moatti
En los roles de Mercedes y el Espada, Jessie Domínguez y Alfredo Ibáñez tuvieron un impar desarrollo. El desparpajo de la Mercedes estuvo presente en todo momento, mientras que a Ibánez le faltó corregir pequeños detalles de estilo, esos que diferencian a un Espada de El Espada. Por su parte, el cuerpo de baile que dio vida a los toreros puso de manifiesto la gran cantera de bailarines con la cuenta el BNC hoy en día. También fueron destacables las interpretaciones de Estheysis Menéndez y Massiel Alonso como la Reina de las Dríadas y Cupido, respectivamente. En particular Alonso brilló en este pequeño papel reservado para las figuras en crecimiento. Pero nada hubiese sido posible sin el trabajo preciso y coordinado de todo el cuerpo de baile que encandiló a la par de los protagonistas. En cada escena coral se evidenció la fluidez y solidez de estos bailarines que son, de por sí, el alma del espectáculo. Para el final, una vez más y nunca sabremos si diremos "por última vez", Alicia Alonso acompañó a los bailarines en los saludos. El teatro, en pie, ovacionó a la última diva del ballet clásico.