Le Poème Harmonique transportó al público madrileño en los Teatros del Canal a la Italia del siglo XVII en las tres funciones de su espectáculo Carnaval Barroco. Bajo la dirección de su fundador, el laudista Vincent Dumestre, aunaron diferentes disciplinas artísticas como la música, el mimo, el teatro, o la acrobacia para ofrecer una visión, de hora y media de duración, del ambiente popular que se daría en las calles italianas durante las fiestas previas a la Cuaresma. Un Carnaval Barroco en el que la música se pone al servicio de la escena.

Dos personajes de Carnaval Barroco © Aleksey Gushchin
Dos personajes de Carnaval Barroco
© Aleksey Gushchin

El ensemble francés apostó por no establecer un momento concreto o una trama principal. La representación estuvo dividida en diferentes escenas con pequeñas historias basadas en la práctica de la commedia dell'arte y personajes tipo como los zanni, o sirvientes, que algunos acróbatas y cantantes caracterizaban. El gran dinamismo y continuidad con los que Vincent Dumestre y Cécile Roussat han concebido el espectáculo permitió que una línea argumental no fuese necesaria. Acompañado de danzas italianas (algunas cantadas) de compositores como Fasolo o Maletti, o incluso una versión pasticcio del famoso Lammento della ninfa de Monteverdi, esta vez con texto distinto, el público pudo gozar de un discurso teatral basado en el gesto barroco y las prácticas improvisatorias de la época.

Le Poème consiguió agradar, hacer reír y emocionar a un público de todas las edades. Se escuchaban carcajadas y suspiros de los más pequeños y los que no lo son tanto. Y lo hicieron con una propuesta de la mayor calidad en todos los sentidos. Desde las primeras notas a capella de un canto procesional popular al comienzo del espectáculo, pasando por las chaconas, serenatas, tarantelas, hasta el fin de fiesta, la moresca de Fasolo, Hor cantar più non vogliamo, la música contribuyó a producir sonrisas en el público. Un conjunto formado por ocho instrumentistas y cuatro cantantes interpretó estas piezas sencillas, populares, que acompañaban a cada escena. Posiblemente, si se escuchara la música fuera de este contexto podría resultar cansado, por ejemplo, la chacona de quince minutos que improvisaron, o el extenso, pero magnífico solo que Dumestre interpretó al colachón (instrumento de cuatro cuerdas metálicas, utilizado para el bajo continuo durante el siglo XVII).

Músicos y acróbatas en una escena de Carnaval Barroco © Aleksey Gushchin
Músicos y acróbatas en una escena de Carnaval Barroco
© Aleksey Gushchin

Las voces de los cuatro cantantes se ajustaban de forma idónea al carácter del espectáculo, y en ocasiones recordaban al timbre de voz napolitano y del sur de Italia que se escucha en la música popular. Por su parte, los acróbatas representaban a la perfección el talante de la commedia dell'arte con personajes inocentes y a la vez pícaros, además de impresionar al público con los difíciles números que conseguían realizar. Entraban y salían a escena con un sentido, siempre metidos en el papel social de personajes del mundo del entretenimiento del siglo XVII. Todo estaba pensado al milímetro, no era una simple sucesión de números.

Los músicos, situados en el escenario y vestidos de la época, se integraban en las distintas escenas e interactuaban con el resto de artistas, incluso alguno mostró sus dotes de multiinstrumentista. Para el espectador, la experiencia estética fue fascinante. En especial, la serie de escenas que evocaban obras de Velázquez o Caravaggio mediante el vestuario o los tonos de la iluminación.

Tras cuatro años desde la maravillosa representación que realizaron de El burgués gentilhombre, Le Poème volvió a los Teatros del Canal con una apuesta diferente. La labor que realizó el conjunto francés se extiende más allá de haber hecho disfrutar a los asistentes. Con este formato, tan poco visto en España, han conseguido acercar la música barroca a un público muy variopinto, a la vez que han recuperado una práctica habitual del siglo XVII que servía de diversión para la sociedad de aquella época. Consistió en mucho más que reunir diferentes disciplinas artísticas, ya que las conectaron de manera bella, vistosa e inteligente.