En su concierto de abono número trece de esta temporada 2018-2019, Antonio Méndez y la Orquesta Sinfónica de Tenerife ofrecieron un programa muy atractivo y variado, teniendo como temáticas lo español y la nocturnidad. Este concierto pertenece a un ciclo dedicado a Debussy, además de conmemorar el centenario del estreno de El sombrero de tres picos de Manuel de Falla.

La velada comenzó con la obra ganadora del Premio de Composición AEOS-Fundación BBVA en 2017, Nocturno sinfónico, de Marcos Fernández-Barrero. Dividida en dos secciones: Somnolencia y Pesadillas, en ella el compositor no nos ofrece una visión calmada de la noche, al contrario, la intranquilidad parece ser la norma, resaltada por los ritmos de la sección de percusión y el piano. Resultó una escucha interesante de una obra que entraña muchas dificultades, las cuales fueron bien resueltas por el director y la orquesta.

Antonio Méndez al frente de la Orquesta Sinfónica de Tenerife durante el concierto © Miguel Barreto
Antonio Méndez al frente de la Orquesta Sinfónica de Tenerife durante el concierto
© Miguel Barreto

Seguidamente pudimos disfrutar de Ibéria de Debussy, perteneciente a sus Images pour orchestre. Una obra extraordinaria que, curiosamente, no había sido interpretada por la orquesta anteriormente, según aparece en el programa de mano. Méndez planteó una versión que resaltaba especialmente los aspectos rítmicos, aun sin perder de vista elementos más asociados a Debussy, como las atmósferas sonoras y el colorido orquestal. Quizá, estos últimos aspectos podían haber sido algo más destacados, especialmente en Les parfums de la nuit, y ese ambiente de ensoñación que menciona la musicóloga Marina Hervás en sus excelentes notas al programa. En todo caso, hubo momentos muy conseguidos, como la transición hacia Le matin d'un jour de fête. Las prestaciones de los solistas de la orquesta fueron excelentes, algo que se mantuvo durante todo el concierto.

La segunda parte comenzó con otra obra maestra de Debussy, Nocturnes, de muy difícil interpretación y que Méndez enfocó con claridad y tempi fluidos. Quizás en Nuages se le podría haber pedido algo de paciencia en desentrañar, y así dar a disfrutar, el entramado polifónico y las diferentes atmósferas. En Fêtes, nos regaló uno de los momentos más logrados del concierto, que aconteció al comienzo de la marcha (Moderè, mais toujours très rythmé), con un gran dominio orquestal y consiguiendo un crescendo muy bien controlado. Para la tercera sección, Sirènes, se contó con la colaboración del Coro Femenino CPM de Tenerife (reciente ganador del Certamen Coral Ejea de los Caballeros y muy bien preparado por su director Juan Ramón Vinagre), que supo adaptarse a las sutilezas que demanda esta obra y a las exigencias del director. En ciertos momentos, el balance entre coro y orquesta podía haber sido más equilibrado, pero el resultado global fue satisfactorio. En conjunto, Méndez ofreció un Debussy bien trabajado y con momentos muy sugerentes.

Con las dos suites de El sombrero de tres picos se cerraba el programa y, al igual que en Ibéria de Debussy, Méndez se recreó en los aspectos rítmicos mas sin descuidar el colorido y los contrastes entre las diferentes danzas. En la interpretación destacaron especialmente los gestos enérgicos del director y esa impronta juvenil que supo controlar en las danzas más tranquilas. Además, aportó detalles muy personales, como la lentitud en el enfoque de la "Danza del molinero". El concierto concluyó con la apoteosis de la jota de la "Danza final", llevada con autoridad por el director.

En resumen, fue un buen concierto con momentos brillantes, en un programa con grandes dificultades interpretativas.

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