Desde hace unos años, y dentro de su temporada, la Sinfónica de Tenerife incluye un concierto en colaboración con el Concurso María Canals de Barcelona y la Fundación Jesús Serra, lo que permite la actuación de uno de los ganadores del prestigioso concurso. En esta ocasión, intervino el pianista Evgeny Konnov (ganador en el 2018) junto a la también joven directora colombiana Lina González-Granados. Ambos debutaban con la orquesta, y fue una gratísima sorpresa el comprobar que, además de jóvenes promesas, son artistas maduros con personalidades musicales atractivas y bien definidas.

Evgeny Konnov y Lina González-Granados junto a la Sinfónica de Tenerife
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

Konnov enfocó el Concierto para piano y orquesta en do menor, op. 18, de Sergei Rachmaninov partiendo de un dominio técnico evidente; con sonido cristalino de gran claridad y uso exquisito de los pedales. Pero lo que más destacó en su versión fue la cantabilidad y el cuidado del fraseo. Sus capacidades virtuosísticas no fueron utilizadas como fin en sí mismas y su sonido nunca fue duro. Podríamos decir que, en esta obra, Konnov sigue unas líneas interpretativas de Arthur Rubinstein o Van Cliburn. Así, en el primer movimiento (Moderato), cuyos acordes iniciales pudieron haber tenido un crescendo más impactante, el pianista cantó muy bien y su toque fue variado y expresivo, con momentos de gran belleza, además de aprovechar muy bien los clímax; estas virtudes se mantuvieron en su hermosa interpretación del segundo (Adagio sostenuto). Fue en el último movimiento (Allegro scherzando) cuando el pianista demostró en plenitud sus posibilidades virtuosísticas, evidenciando un control y una concentración admirables. En conjunto, una excelente versión que fue secundada por una directora que entendió perfectamente las posibilidades sinfónicas de la obra y consiguió un sonido rico, profundo y variado de la orquesta tinerfeña. Se escucharon muchos detalles orquestales y el diálogo con el solista fue magnífico. Algún que otro pequeño desajuste no disminuyó la categoría de esta estupenda interpretación. Como regalo, Konnov entusiasmó al público con su versión de las muy virtuosísticas Variaciones Carmen de Vladimir Horowitz.

La Orquesta Sinfónica de Tenerife con Konnov al piano y González-Granados en la dirección
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

En la segunda parte de la velada, González-Granados deslumbró con una brillante versión de la Sinfonía núm. 5 en re menor, op. 47 de Dmitri Shostakovich, obra enigmática que la directora supo desgranar de tal forma que nunca se perdió la concentración ni el interés. En primer lugar, destacó el trabajo instrumental: brillantez de los metales, pianísimos que cortaban el aliento, solos estupendos y control de todas las secciones de una entregada Sinfónica de Tenerife. Dueña de una fantástica técnica de batuta, que incluye movimientos de todo el cuerpo y un curioso uso de los hombros, la directora mostró un dominio envidiable de todos los recursos técnicos. Pero la versión no se quedó en una mera demostración instrumental, sino que González-Granados evidenció un profundo conocimiento de la obra, tanto en los detalles como en las grandes estructuras. El primer movimiento (Moderato) fue intenso, y explosivo en los clímax; mientras que el segundo (Allegretto) tuvo humor, colorido y claridad de acentos. El tercero (Largo) fue acongojante en la expresión y con un control sonoro extraordinario. En el cuarto (Allegro non troppo), la directora y la orquesta ofrecieron un derroche de energía y convicción, pero evitando una sensación demasiado triunfalista y superficial, lo que redondeó una versión de un interés altísimo, que contó con una excelente prestación orquestal.

Fue una velada en la que descubrimos a dos jóvenes intérpretes que, junto a una orquesta que sigue en forma, dieron todo de sí. Esperemos que el futuro les depare la posibilidad de continuar a tan buen nivel y que sigamos escuchándoles.

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