La Orquesta Sinfónica de Tenerife prosigue su temporada 2021-2022 con un concierto en el que pudimos disfrutar de tres obras extraordinarias y variadas. La velada fue protagonizada por dos jóvenes artistas reconocidas internacionalmente y que hacían su debut con la formación canaria. Chloé van Soeterstède es una directora francesa que mostró grandes cualidades técnicas e interpretativas desde el comienzo de la primera obra presentada: la obertura de Las criaturas de Prometeo, op. 43, de Ludwig van Beethoven. Energía, precisión, atención al detalle y musicalidad fueron las credenciales mostradas por Soeterstède -de gestos precisos y dinámicos- que logró un sonido compacto, controlado y con cierto peso (que no pesado) de la Sinfónica de Tenerife. Entre las muchas virtudes resaltables, se podrían destacar la calidad sonora y el canto del Adagio más el dominio técnico al comienzo del Allegro molto con brio.

Chloé van Soeterstède y Rosanne Philippens junto a la Orquesta Sinfónica de Tenerife
© Sinfónica de Tenerife | Miguel Barreto

El maravilloso Concierto para violín y orquesta en mi menor, op. 64, de Felix Mendelssohn tuvo en la violinista holandesa Rosanne Philippens una intérprete espléndida. Con un sonido bello, cuidado y flexible, junto a una técnica muy pulida y sin fisuras, Philippens se enfrentó al concierto con autoridad y convicción. Ofreció un magnífico Allegro molto appassionato, donde destacó el contraste entre el apasionamiento y la dulzura, realizando transiciones muy logradas. El segundo movimiento (Andante) fue tomado a un tempo fluido, bien cantado, con sencillez y ausencia de amaneramientos. Tras una interesante transición hacia el tercero, la violinista dio en este último una lección de dominio técnico deslumbrante, tocando a un tempo rápido -con impresionantes pasajes virtuosísticos- pero no asfixiante, lo que le permitió cantar y disfrutar de los diversos detalles y del diálogo con la orquesta. Soeterstède, apoyada por una prestación orquestal excelente, mostró un impactante concepto sinfónico, además de adaptarse muy bien a las maneras de la violinista. Tanto una como otra demostraron que el control y el análisis no tienen por qué estar reñidos con la pasión. Philippens regaló una imponente versión del Recitativo y Scherzo-capricho, op. 6, de Fritz Kreisler.

La violinista Rosanne Philippens y la directora Chloé van Soeterstède
© Sinfónica de Tenerife | Miguel Barreto

La velada concluyó con la Sinfonía en re menor de César Franck, obra maestra con la que Soeterstède volvió a convencer en todos los aspectos. Siguiendo la línea interpretativa de grandes directores franceses, pero con personalidad propia, la directora obtuvo un sonido muy cuidado de la Sinfónica de Tenerife y escogió tempi movidos, pero flexibles, que le permitieron expresar admirablemente las diversas emociones de la obra. En el primer movimiento (Lento-Allegro ma non troppo), creó tensiones y planificó muy bien los clímax, mientras que en el segundo (Allegretto), estuvo especialmente atenta a las atmósferas y a las melodías, permitiendo el lucimiento de solistas de la orquesta (como en el excelente solo de corno inglés, al comienzo). El final (Finale: Allegro non troppo) fue rítmico y alegre, destacándose también los momentos más misteriosos. Versión muy lograda, expresiva y variada, de esta obra fantástica.

Fue una velada brillante, que nos mostró a dos jóvenes artistas de gran calidad en un programa atractivo y con una orquesta en buena forma.

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