En una velada memorable, el 37 Festival Internacional de Música de Canarias presentó a la Orquesta del Festival de Budapest bajo la dirección de Iván Fischer y actuando como solista el pianista Javier Perianes. Programa variado, atractivo y bien planificado, que nos llevó por un viaje musical a través de diversos países; con Francia (y más específicamente París) como punto de referencia, sea por la nacionalidad francesa de algunos de los compositores, o por la relación con París que tuvieron otros, como Piazzolla o Kodály. Con Tangazo, de Astor Piazzolla comenzó el concierto. Versión importante de esta obra interesantísima, magníficamente orquestada, que supuso un homenaje al centenario del nacimiento del compositor argentino. Inmediatamente se pusieron en evidencia las virtudes del director y la orquesta, destacando tanto los aspectos instrumentales como los interpretativos. Iván Fischer mostró claridad de gestos, gran personalidad, imaginación y atención a los detalles.

Iván Fischer al frente de la Orquesta del Festival de Budapest
© Festival Internacional de Música de Canarias

A continuación, Javier Perianes fue un solista de lujo en el Concierto núm. 5 en fa mayor para piano y orquesta, "Egipcio", op. 103 de Camille Saint-Saëns, otro de los compositores de los que se celebra centenario, en este caso de su muerte. Aunque a veces se asocie al compositor francés con el mero virtuosismo y con cierta superficialidad, versiones como la escuchada en esta velada nos confirman el gran potencial expresivo de sus obras. Perianes no renunció al virtuosismo pianístico, pero destacó sobre todo por su innegable capacidad para las sonoridades y el fraseo, de tal forma que incluso los pasajes de escalas y arpegios nunca sonaron secos, faltos de intención o sin interés musical. Estas virtudes, que llegaron a su clímax en un inolvidable segundo movimiento, se trasmitieron a través de toda su actuación. Además, el pianista vio en el concierto las innegables influencias románticas de compositores como Chopin o Liszt y también, en ciertos momentos de la obra, la conexión con otros posteriores, como Ravel o Falla. La orquesta y el director fueron los colaboradores perfectos para redondear una versión de ensueño. Como regalo, Perianes ofreció una versión exquisita del Notturno op. 54 núm. 4, de Edvard Grieg.

Javier Perianes
© Festival Internacional de Música de Canarias

Le Boeuf sour le toit, op. 58 (El buey sobre el tejado) de Darius Milhaud nos llevó al Brasil de las primeras décadas del siglo XX, con canciones recogidas por el compositor francés y transformadas en una obra ingeniosa, divertida y original, que fue interpretada por Fischer y la orquesta con gracia, variedad y gran virtuosismo, sin decaer nunca y mostrando todas las facetas requeridas en esta composición tan singular. Siguieron dos obras de Erik Satie: la Gymnopedie núm. 1 (núm. 3 en la versión para piano) en la orquestación de Claude Debussy, y la Gnossienne núm. 3 en la orquestación de Francis Poulenc. Versiones muy cuidadas, donde destacaron especialmente los solistas de viento de la orquesta. La velada concluyó con las Danzas de Galánta de Zoltán Kodaly, una especialidad de la orquesta y del director. Todos los elementos fueron resaltados perfectamente en el espíritu y en la realización, con control absoluto de los balances y gran espontaneidad, que reflejaron las variantes en las danzas y los recitativos. Es muy posible que su interpretación de esta obra, absolutamente soberbia, no tenga parangón en la actualidad. Con ella concluyó un concierto magistral, que nos llevó de viaje por distintas regiones musicales y que confirmó a solista, director y orquesta entre los grandes del momento. 

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