En su concierto número 12 de la temporada 2020-2021, la Orquesta Sinfónica de Tenerife ha presentado un programa con dos obras: el Concierto para violín y orquesta en la menor, Op.53 de Antonín Dvořák y la Sinfonía núm. 7 en la mayor, Op.92 de Ludwig van Beethoven. Los artistas invitados para esta ocasión fueron la violinista alemana Arabella Steinbacher y el director checo Jiří Rožeň, que hacía su debut con la orquesta. Steinbacher es considerada como una de las grandes violinistas de su generación, mientras que Rožeň tiene una carrera internacional consolidada y es un especialista en la música de su país, aunque aborda todo tipo de repertorios. Con estas credenciales, era de esperar que disfrutáramos de un concierto de muchos quilates, y lo cierto es que no salimos defraudados.  

Arabella Steinbacher y Jiří Rožeň junto a la Sinfónica de Tenerife
© Miguel Barreto | Sinfónica de Tenerife

El concierto de Dvořák es una obra de innegable belleza melódica y una riqueza instrumental que hacen las delicias de los oyentes cuando se escucha en versiones de calidad, como la aquí comentada. Steinbacher demostró un dominio técnico asombroso, aunque en ningún momento intentó hacer demostraciones superfluas de virtuosismo, sino que se integró perfectamente dentro del entramado orquestal y, gracias a su proyección sonora, consiguió mantener la atención del oyente durante toda la interpretación. Fue variada en la expresión y tuvo momentos muy emotivos, especialmente en el segundo movimiento Adagio ma non troppo. En plena sintonía con la solista, Rožeň mostró sus credenciales desde el comienzo de la obra. Con movimientos precisos y la batuta en la mano izquierda (algo poco habitual) consiguió unos resultados de gran colorido y variedad, dentro de una visión sinfónica de la partitura que estuvo muy alejada del mero acompañamiento. Versión de altos vuelos que contó con una admirable prestación de la Sinfónica de Tenerife.

Arabella Steinbacher durante el concierto en el Auditorio de Tenerife
© Miguel Barreto | Sinfónica de Tenerife

El concierto continuó con la séptima de Beethoven, obra maestra en la que Rožeň y la orquesta cautivaron con una interpretación muy atractiva, tanto en los aspectos interpretativos como en los puramente instrumentales. Dentro de un enfoque luminoso y vibrante, llamaron especialmente la atención características tales como el tratamiento de la percusión, los metales y las cuerdas (estas, con un vibrato moderado); y los tempi fluidos, pero no asfixiantes. Los cuatro movimientos de la sinfonía fueron realizados de forma convincente y atractiva, con una prestación orquestal de muy buen nivel. El Poco sostenuto—Vivace comenzó con una introducción bien pensada, para continuar con un vivace rítmico y juvenil. El Allegretto estuvo sentido, con variedad de acentos y extraordinarios matices en pianísimo. El tercero Presto fue danzable y muy alegre, con un trio magníficamente interpretado, mientras que el Allegro con brio estuvo controlado y variado. En definitiva, una versión personal, fresca y persuasiva, en la que el director y la orquesta consiguieron mostrar con maestría las diversas facetas de la obra. Rožeň es un director al que prestar atención, sin duda, puesto que muestra una formación sólida y una personalidad de mucho interés. 

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