Se ha inaugurado la temporada 20-21 de la Sinfónica de Tenerife con un concierto dirigido por su titular Antonio Méndez y contando como solista con la soprano Elsa Dreisig. En el programa, dos obras extraordinarias, Metamorfosis (Metamorphosen) de Richard Strauss y la Sinfonía núm. 4 de Gustav Mahler, esta última en la orquestación reducida de Klaus Simon. Es una combinación de obras interesante que nos llevó desde la angustia absoluta de la primera a la esperanza y luminosidad de la segunda. Las medidas especiales en adoptadas por el Auditorio de Tenerife a causa de la pandemia, tales como el uso de mascarillas por los músicos y el director, la ausencia de un descanso y las dimensiones reducidas de la orquesta crearon un ambiente especial y extraño. En todo caso, se pudo disfrutar plenamente del concierto.

Antonio Méndez al frente de la Sinfónica de Tenerife © Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife
Antonio Méndez al frente de la Sinfónica de Tenerife
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

La interpretación de Metamorfosis, obra para 23 instrumentistas de cuerda, fue algo desigual, aunque con muchos momentos de alto nivel. Méndez mostró los aspectos más líricos de la primera sección, destacando los contrastes dinámicos y los acentos, aunque se echó de menos algo más de dramatismo. La sección central fue quizás lo más discutible, ya que, a pesar de las buenas intervenciones de los solistas de la orquesta, dio la impresión de que faltó algo de planificación para que el resultado fuera óptimo. La sección final sí fue muy convincente porque Méndez y la orquesta consiguieron resaltar las atmósferas y el importantísimo papel de los silencios. Los momentos finales resultaron impresionantes. En conjunto fue una versión con muchos aciertos, aunque mejorable, de esta obra magnífica.

La orquestación de Klaus Simon de la Sinfonía núm. 4 de Mahler es de gran calidad y mantiene mucho de la esencia de la obra, aún en formato reducido. Antonio Méndez acertó plenamente en su interpretación, y considero que esta ha sido una de las mejores actuaciones que le recuerdo. La versión destacó especialmente aspectos luminosos de la genial partitura, como la danza y el humor, pero sin dejar de lado los momentos más dramáticos. Esto fue ya evidente desde el primer movimiento, en el que el director tomó un tempo fluido que permitió cantar las bellas melodías, con rubati personales. Muy conseguidos los desarrollos y los momentos finales. 

La soprano Elsa Dreisig © Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife
La soprano Elsa Dreisig
© Miguel Barreto | Auditorio de Tenerife

En el segundo movimiento, supo sacar partido a las diferentes sonoridades etéreas y a los acentos, consiguiendo también que los tríos mostraran los contrastes adecuados. El tercer movimiento, centro expresivo de la obra, fue muy bien expuesto y emotivo, con impactantes momentos en los clímax. En el cuarto, Méndez mostró las diferencias entre los aspectos celestiales y los juegos infantiles más rítmicos. La sección final fue exquisitamente interpretada. Elsa Dreisig estuvo excelente en su actuación, con una voz bellísima y muy expresiva. Fue plenamente convincente dentro de un enfoque no tan infantil como el de algunas otras versiones. Los músicos de la orquesta estuvieron excelentes y demostraron una vez más su calidad, tanto en conjunto como en los solos (el violín en el segundo movimiento o el oboe en el tercero, por ejemplo). Con esta excelente versión concluía el concierto inaugural que nos confirmó la calidad de la Sinfónica de Tenerife y que Antonio Méndez es un director en ascenso. Además, nos reveló el gran nivel de Elsa Dreisig, sin duda una cantante a seguir.

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