En estos tiempos de pandemia no es de extrañar que se busquen soluciones alternativas a los conciertos en vivo y las emisiones en streaming se han convertido en la opción más representativa de esta nueva normalidad. Los aficionados ya estábamos familiarizados con ellas, pero ahora parecen ser una necesidad más que evidente. ¿Funcionan como sustitutas de los conciertos regulares? Pues probablemente no, pero es indudable que tienen mucho que aportar y que pueden ser muy disfrutables. Como muestra, este evento transmitido desde la capital de Alemania.

Desde la Konzerthaus de Berlín nos llegó la emisión del concierto presentado por ARTE Concert (en colaboración con 3B Produktion y ZDF) en el que la orquesta residente en ese teatro fue dirigida por Joana Mallwitz. El programa, de una hora de duración, contó con dos obras emblemáticas: la obertura de La flauta mágica, K620 de Wolfgang Amadeus Mozart y la Sinfonía núm. 6 en si menor, "Patética", Op.74 de Tchaikovsky. Joana Mallwitz es una joven directora alemana que tiene ya un currículum muy importante; aparte de ser titular del Teatro Estatal de Núremberg, ha dirigido a diversas orquestas con gran éxito. La Konzerthausorchester Berlin, cuyo director titular actual es el distinguido Christoph Eschenbach, es una orquesta fundada en los años cincuenta del siglo pasado y que ha mantenido un gran nivel a través de su destacada trayectoria.

La directora Joanna Mallwitz
© Martin Walz

La grabación se realizó sin público y tanto los músicos como la directora actuaron sin mascarillas, manteniendo distancias prudenciales. Llamó la atención positvamente el ambiente visual de la emisión, con luz tenue y e interesantes claroscuros: el trabajo de los cámaras fue estupendo, señalando a los instrumentos solistas de manera eficaz y presentando diversos planos de la directora, que resaltaron a la perfección sus diversos gestos y ataques. La grabación sonora fue también de primera clase.

El concierto comenzó con la obertura de Mozart, en una interpretación cuidada y chispeante. Mallwitz (de gestos enérgicos y precisos) controló todos los detalles de manera ejemplar y evidenció varios de sus mayores puntos fuertes tales como el dominio de la polifonía y de los diversos planos sonoros. Se escuchó todo con claridad absoluta. Además, estas características fueron realzadas de manera visual por un trabajo de cámaras que parecía un instrumento más de la orquesta, mostrando a los diversos solistas en los momentos precisos y con planos generales muy logrados en los tutti. La grabación también resaltaba ese enfoque polifónico y casi camerístico, mostrando de manera admirable la individualidad de las distintas voces instrumentales. La directora supo también destacar otros aspectos, como la viveza rítmica y la solemnidad de los acordes introductorios. Excelentes los solos instrumentales, que redondearon una versión exquisita y muy lograda.

En la sinfonía de Tchaikovsky, Mallwitz y la orquesta, al igual que en Mozart, acertaron especialmente en los aspectos rítmicos y polifónicos. Se escuchó absolutamente todo con una claridad pasmosa, mostrando algunos aspectos instrumentales que no se suelen escuchar en otras interpretaciones, y quedando todo resaltado por una grabación extraordinaria. A veces dio la impresión de que esa búsqueda de claridad de líneas pudo impedir un mayor empaste general en ciertos momentos de tutti, pero fue una sensación que se produjo en ocasiones puntuales. De todas formas, lo más característico, sin duda, desde el primer movimiento fue el admirable trabajo de análisis y estructura realizado por Mallwitz (con un nivel que se mantuvo durante toda la obra), por lo que fue una versión minuciosamente trabajada y presentada. Por otro lado, se echó en falta algo más de drama y de contraste, aunque no faltaron esos elementos a través de la interpretación. Del primer movimiento, destacaría la forma de frasear los temas líricos y el sentido rítmico general. El segundo (Allegretto con grazia) fue tomado con cierta rapidez y hubo momentos donde se podía haber cuidado más el fraseo y la respiración. El Allegro molto vivace fue expuesto también a tempo rápido, con gran energía y momentos explosivos. El finale fue un ejemplo de claridad y fluidez, quizá algo falto de emoción. En todo caso, fue una muestra de un trabajo orquestal realmente ejemplar. Los solistas de la orquesta estuvieron fantásticos durante toda la obra.

En conjunto, un concierto admirable, en el que pudimos disfrutar de la labor de una joven y gran directora, junto a una orquesta de indudable calidad, un trabajo visual soberbio y una grabación sonora extraordinaria.

Este evento ha sido reseñado a partir de la transmisión en video en Arte.

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