El Festival Internacional de Música "Primavera de Praga" es considerado como uno de los más importantes a nivel mundial y, desde su creación en 1946, ha programado a muchos de los artistas más reconocidos internacionalmente. Entre ellos se encuentra el estadounidense Garrick Ohlsson, pianista muy querido en este festival desde su debut en el año 1973, poco después de su triunfo en el Concurso Chopin de 1970, en Varsovia. Ohlsson ha sido uno de los artistas invitados asiduamente al festival y este año 2021 ha participado en tres funciones: como presidente del jurado del Concurso Internacional de Piano «Primavera de Praga», como profesor en clases magistrales y ofreciendo un magnífico recital de piano.

En este recital, sin público, transmitido desde la bellísima Sala Dvořák, Ohlsson presentó obras de Szymanowski, Prokofiev, Janáček y Scriabin, todas compuestas en el s. XX y de gran complejidad, que pusieron a prueba la maestría del pianista. Quedó manifiesto que, a sus 73 años, Garrick Ohlsson mantiene, acentuadas por la madurez, las cualidades que ha demostrado a través de su extraordinaria trayectoria: técnica impecable, sonido muy cuidado, sobriedad interpretativa, ausencia de sentimentalismo, pedal cuidadoso y gestos sobrios.

El pianista Garrick Ohlsson en la Sala Dvořák del Rudolfinum
© Pražské jaro - Zdeněk Chrapek

El programa comenzó con la no tan conocida, pero fascinante, Sonata para piano núm. 3, op. 36 de Karol Szymanowski. Abrir el recital con esta obra es un riesgo importante, pero el pianista (que la tocó con partitura) resolvió sus complejidades con aparente facilidad, reflejando los aspectos estructurales, contrapuntísticos y melódicos demandados por la partitura de tal forma que consiguió que esta obra visionaria resultara, de alguna manera, más accesible para el oyente, algo que no está al alcance de todos los pianistas. Como si fueran pocas las dificultades de la obra anterior, Ohlsson, ya sin partitura, continuó con otra de las piezas de toque del repertorio, la Sonata núm. 8 en si bemol mayor, op. 84 de Serguéi Prokófiev. Se centró especialmente en mostrar la estructura de la obra, con claridad de ideas y expresión convincente. Su dominio técnico y recursos pianísticos quedaron otra vez en evidencia. Quizá el principio del primer tiempo podría haber sido algo más dulce, y algunos de los contrastes que pide la obra algo más resaltados, pero la versión fue un éxito por la solidez y el dominio demostrados.  

Garrick Ohlsson
© Pražské jaro - Zdeněk Chrapek

La Sonata para piano 1.X.1905 de Leoš Janáček es una obra nueva en el repertorio del pianista, ya que es la primera vez que la toca, pero Ohlsson no es novato en estos repertorios, ya que lleva años interpretando obras de compositores checos, de los que se le considera un intérprete excelente. La sonata mostró especialmente su lado poético, que conectó esta obra maravillosa con el mundo de los compositores románticos, a los que tanto debe. Melódico y expresivo en el primer tiempo («Premonición»), serio y meditativo en el segundo («Muerte»), logró una versión bella y emotiva. El recital concluyó con tres obras de Alexander Scriabin, uno de los compositores especialmente admirados por Ohlsson, y del que ha realizado grabaciones, entre otras, de todas las sonatas y estudios. Comenzó con dos obras cortas: el Preludio op. 59, núm. 2 y el Poema op. 32, núm. 1. El pianista consiguió mostrar el contraste entre el Preludio, con su energía, fuerza y ritmos obsesivos en los bajos, y el Poema, interpretado con suavidad, claroscuros y magia. Como broche de oro, nos regaló una versión magistral de la Sonata núm. 5, op. 53 del compositor ruso (que está entre las obras favoritas de Ohlsson) en la que brillaron todas sus cualidades técnicas e interpretativas. Con su habitual economía de movimientos, logró fascinar desde el principio, con unos ataques fulminantes y pasando luego por toda clase de matices y colores hasta lograr un final apoteósico. Se cerró así este espléndido y arriesgado recital que estuvo compuesto de obras maravillosas y en el que quedó demostrado el gran estado de forma de este pianista.

Este concierto ha sido reseñado a partir de la transmisión de video desde el Rudolfinum de Praga.

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