La casa de Bernarda Alba es una de las obras de teatro más famosas de Federico García Lorca. En ella se nos muestra, de manera magistral, todo un mundo de represiones y luchas dentro de una familia disfuncional encaminada a su propia destrucción. Convertida en ópera por Miquel Ortega, con libreto de Julio Ramos, esta adaptación musical lleva ya unos años en el candelero y ha sido representada con éxito en diversos teatros. La composición, considerada neotonal, neoverista, e incluso transmoderna (dada la diversidad de estilos propuestos por el compositor), está plagada de virtudes como la inteligencia en la construcción (basada en leitmotivs), la calidad de la escritura vocal, la ingeniosa instrumentación y la conexión con el espíritu lorquiano.

La casa de Bernarda Alba en la producción de Ópera de Tenerife
© Auditorio de Tenerife | Miguel Barreto

En esta producción de la Ópera de Tenerife se contó con la dirección escénica de Silvia Paoli, quien aportó ideas cercanas a las de las representaciones tradicionales (en muebles y vestuario, por ejemplo), pero que convirtió la casa de Bernarda en un paisaje rocoso y desértico. Paoli mostró imaginación con los movimientos de los cantantes y, en general, sus propuestas resultaron muy atractivas. Hubo algunos momentos discutibles (como la resolución del final de la obra, por ejemplo), pero, en conjunto, Paoli logró convencer con el apoyo de un excelente equipo de colaboradoras.

El propio compositor fue el encargado de la dirección musical. Ortega hizo un trabajo seguro y encomiable en el que mostró buen pulso, resolvió los problemas interpretativos y se mostró atento a los distintos estilos que plantea su partitura. En ciertos momentos pudo haber tenido algo más de sutileza y un mayor control de las dinámicas, especialmente en situaciones en las que los cantantes corrían el peligro de ser cubiertos por la orquesta; algo que, afortunadamente, solo pasó en poquísimos momentos. En todo caso fue una muy buena labor, que contó con la entrega de la Sinfónica de Tenerife. El Coro de Ópera de Tenerife tuvo un papel corto, pero muy bien realizado.

Poncia (Luis Cansino) y Bernarda Alba (Nancy Fabiola Herrera)
© Auditorio de Tenerife | Miguel Barreto

Los cantantes estuvieron todos a gran nivel y lograron reflejar las diferencias entre los diversos personajes; algo no tan fácil, ya que la similitud entre las tesituras (por ejemplo: cuatro sopranos y tres mezzosopranos) puede hacer que se confundan las voces y que pierdan su personalidad propia. Gracias a la lograda escritura vocal y a la calidad de las cantantes, esto no ocurrió. Nancy Fabiola Herrera, en plenitud vocal e interpretativa, realizó una recreación de la matriarca que será difícil de igualar. Es un papel que necesita múltiples sutilezas expresivas, dentro de un carácter muy definido, y todos los aspectos requeridos fueron perfectamente proyectados por la cantante. El barítono Luis Cansino triunfó también en el papel travestido de la sirvienta Poncia. Su versión mostró variedad, estuvo bien resuelta y contó con momentos impresionantes, como el dúo con Adela del segundo acto.

Bernarda Alba (Nancy Fabiola Herrera) y sus hijas
© Auditorio de Tenerife | Miguel Barreto

Todas las hijas de Bernarda estuvieron a gran altura. Carmen Acosta convenció en el difícil papel de Adela, muy bien vocalmente y reflejando los distintos estados de ánimo del personaje: comenzando con la alegría juvenil inicial, pasando por la rebelión contra la familia y terminando en la desesperación total. Melody Louledjian destacó como Angustias por su calidad de voz, su capacidad de reflejar desde el carácter inicial tímido del personaje hasta lograr momentos más dramáticos, e incluso por su buena pronunciación del castellano. Beatriz Lanza, también excelente de voz, consiguió mostrarnos todos los aspectos del atormentado papel de Martirio, mientras que Belén Elvira fue una Magdalena que supo moverse por los distintos momentos del llanto, la risa, el enfado etc., y Marina Rodríguez-Cusì estuvo estupenda en el rol de la discreta Amelia. Carmen Mateo mostró buena voz y proyección como la criada, y el papel hablado de la abuela María José estuvo en manos de Marga Arnau, actriz que realizó una labor encomiable en sus intervenciones, siendo especialmente emotiva la del tercer acto.

Ha sido un acierto de Ópera de Tenerife el haber programado esta obra nueva e interesantísima, que ha contado con un reparto de gran calidad. 

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