La Orquesta Filarmónica de Gran Canaria y su director titular, el británico Karel Mark Chichon, hicieron su visita anual a Tenerife, dentro del 38 Festival Internacional de Música de Canarias. El concierto ha podido realizarse, aunque no sin ciertos cambios en el programa. Estaba prevista la quinta sinfonía de Mahler, obra que quitar del programa debido a la cantidad de músicos necesaria y a las distancias de seguridad requeridas. En todo caso, se mantuvo la obra de estreno y la temática general, relacionada con el amor y la muerte.

Mark Karel Chichon al frente de la Orquesta Filarmónica de Gran Canaria
© Festival Internacional de Música de Canarias

Omega, de la compositora tinerfeña Doris Díaz Jerez, abrió el concierto. Basada libremente en la mencionada Quinta sinfonía de Mahler, muestra una orquestación muy cuidada y sugerente, llena de contrastes y hallazgos sonoros. Se mezclan ciertas técnicas contemporáneas con escritura de estilo romántico, llegando a importantes clímax a través de diversos motivos y melodías. Una obra que mostró el excelente nivel de la compositora y que fue magníficamente servida por el director y la orquesta, ambos atentos a todas las implicaciones de la escritura.

A continuación, y para no perder de vista completamente la obra originalmente programada, se interpretó el famoso cuarto movimiento (Adagietto). Resultó ser una buena versión, con un balance muy cuidado. Chichon (con movimientos muy enérgicos y llamativos) controló todos y cada uno de los detalles de la intrincada escritura mahleriana, que está llena de indicaciones. Fue una versión más expresionista que romántica, en la que a veces se echó de menos algo más de poso y una construcción de frases más largas. De todas maneras, tuvo mucho interés y fue muy bien tocada por la orquesta. 

La Orquesta Filarmónica de Gran Canaria en el FIMC
© Festival Internacional de Música de Canarias
 

Nos quedamos con las ganas de escuchar la sinfonía completa, pero no podemos quejarnos, ya que en la segunda parte del concierto, director y orquesta ofrecieron una selección de partes de las dos primeras suites orquestales del ballet Romeo y Julieta, de Sergei Prokofiev, en una versión sensacional. Chichon logró aunar el drama, el virtuosismo, el colorido, y otros muchos aspectos de manera magistral, con una atención especial a todas las secciones de la orquesta; teniendo muy en cuenta el papel esencial de la percusión. “Montescos y Capuletos” comenzó con unos contrastes impresionantes, para luego entrar en la danza con un ritmo marcado, contrastando magistralmente con una parte central tranquila; mientras que “La joven Julieta” tuvo gracia y virtuosismo, con una sección media magníficamente cantada. “Madrigal” mostró un fraseo bellísimo y lleno de matices, el “Minueto” sonó redondo, con fuerza, pero con un perfecto control del balance orquestal y “Máscaras” comenzó con misterio, para luego destacar el humor y el ritmo contagioso. La “Escena del balcón” fue, al mismo tiempo, dramática y bellísima, seguida por la impresionante “Muerte de Teobaldo”, de ritmo implacable y  virtuosismo extremo (asombrosas las cuerdas). Finalmente, “Romeo en la tumba de Julieta”, que comenzó con un matiz algo menos fuerte que en otras versiones, reflejó perfectamente la situación psicológica del drama, con un control absoluto de las fuerzas orquestales y un final desolador. Versión de altísimo nivel y redonda desde cualquier punto de vista, con una orquesta en plenitud y unos solistas extraordinarios.

Fue un concierto estupendo en el que pudimos escuchar el trabajo de una excelente compositora tinerfeña, un buen Mahler y un Prokofiev sensacional que nos permitió comprobar el gran estado de forma en el que se encuentra la orquesta.

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